8. Gastos

28 septiembre 2012

El jefe estaba tratando de cuadrar el presupuesto para el próximo ejercicio. Me llamó para consultarme si un determinado gasto de mi departamento se podría considerar prescindible. Todo un detalle por su parte. El de consultarme, no el de considerar prescindible el gasto; pobre gasto, qué culpa tendrá él. El caso es que le dije que sí, por supuesto, faltaría más. Luego pensé. No suelo hacerlo en horas de trabajo, pero hice una excepción. Pensé que ése era el único gasto específico de mi departamento. Se podría decir que todo lo demás entraba en las partidas de gastos comunes de la empresa: suministro eléctrico, teléfono, limpieza, acceso a Internet, programas de ofimática, material de oficina: papel, bolígrafos, tinta de la impresora. Más tarde caí en la cuenta de que estaba equivocado, aún había otro gasto específico en el departamento: yo.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece que no podemos sustraernos a la aplicación del nuevo principio de la vida: el trabajo. Y así, nos hemos convertido en un tipo de ser humano muy especial. El trabajo no es para nosotros una actividad, sino que ocupa todo nuestro tiempo y pensamiento: no hay ninguna situación o relación que no concibamos como trabajo, o como descanso del trabajo, o como preparación para el trabajo. Nuestra misma moral es la moral del trabajo. Arrojados a una isla desierta, seguiríamos siendo trabajadores. El trabajo es la medida del valor de las cosas y los hombres; es como el fuego: nos devora y nos transforma por entero.¿Hallará este ser humano en su interior un principio que actue como cortafuego?

Leandro Llamas dijo...

No termino de estar de acuerdo. Pienso que si a lo largo de estos últimos tiempos nuestra misma moral hubiese sido la moral del trabajo, tal vez ahora no nos veríamos como nos estamos viendo. Nuestra moral ha sido más bien la del máximo enriquecimiento con el mínimo esfuerzo, y eso tiene poco que ver con el trabajo

Anónimo dijo...

¿Cómo no ver que ese monstruoso enriquecimiento se ha justificado invocando precisamente el bien supremo del trabajo? Esta nueva forma de vida que hace de cada uno de nosotros un puro objeto o sujeto del trabajo, supone una transformación a todos los niveles. Los conceptos propios del trabajo se aplican ahora a la moral, y no a la inversa: "bueno" es "bueno para el trabajo o el trabajador". Es esta transformación lo que ahora vemos con claridad, y nos parece imposible sustraernos a ella. Es más, si quisiésemos oponerle resistencia, si saliendo al campo de batalla llevásemos la bandera antigua de la "moral en el trabajo", sería como si saliésemos con nuestros caballos y lanzas a hacer frente a los cañones.

Leandro Llamas dijo...

Los que se han enriquecido, los que se siguen enriqueciendo y los que se enriquecerán, no invocan el trabajo. Si acaso, lo usan como justificación una vez enriquecidos. Creo que confundes "ambición" con "trabajo"

Otro anónimo. Evidentemente. dijo...

Ambición, no, Leandro: Poca vergüenza.
Yo me resisto a pensar que todo en esta vida gire en torno al trabajo y mira que yo he sido de eso que llaman "adicta". Afortunadamente, los años y la experiencia me han enseñado algo tan sencillo como que se trabaja para vivir y no al revés.

Leandro Llamas dijo...

Ni se debe vivir para trabajar, ni trabajar para vivir. El trabajo es parte de la vida, una parte más; y como todo lo demás, hay que tratar de hacerlo lo mejor que uno sepa o pueda. Tan sencillo como eso. Y tan difícil, al mismo tiempo

Anónimo dijo...

Pero el trabajo, como cualquier otra cosa, hay que hacerlo bien, sí o sí.Eso se da por descontado.

Leandro Llamas dijo...

Eso es dar muchas cosas por descontado. Demasiadas, diría yo

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