El primer cuento

06 febrero 2010

Siempre recuerda la fecha exacta, porque en su carpeta de viejos recortes de prensa aún conserva las dos páginas centrales del ABC en las que lo encontró por casualidad, una calurosa y aburrida tarde de verano. Ocho de agosto de mil novecientos ochenta y cinco. Hasta entonces las cosas habían sido bastante sencillas. Lo que estaba bien, estaba bien, y lo que no, estaba mal. Los cuentos eran para niños, y los telediarios, para adultos. Y de repente, todo empezó a complicarse. Ahí, en medio del aburrido periódico que compraba su padre todos los días, justo en el centro, había un cuento. Y no era aburrido; era violento, sensual, pendenciero, arrastrado y sorprendente. Y tampoco era para niños, de eso se dio cuenta en seguida.


20 comentarios:

Rubén dijo...

Borges, Borges, Borges. Qué decir. Es uno de los dioses máximos de mi panteón (soy politeísta selectivo). Otro amor compartido, por lo que veo.

Amor dijo...

Sería imposible que yo recordase algo así. Siempre leí cosas que no eran de mi edad (y ahora lo sigo haciendo). Pero si, es verdad que llega un día en el que todo se complica.

Leandro dijo...

Y seguro que hay más, Rubén. Tiempo al tiempo.

Con el tiempo, se van mezclando unos recuerdos con otros. Las cosas serían más o menos así, pero no te fíes de todo lo que digo. Aquí acaba mandando bastante la ficción

Amor dijo...

Como debe ser.

Clares dijo...

Yo descubrí a Chéjov con trece años y desde ese momento la vida fue diferente para mí, por lo de los cuentos, eso que te sorprende un día cuando entiendes que caperucita es uno más de los miles y miles que ha contado la humanidad, aunque no sea el peor. A los adultos también les gusta que les cuenten cuentos, pues vaya que sí, pero que antes les digan que es un cuento, no que les vengan con los susodichos. Y de Borges, ¿qué te voy a decir? Es mi abuelo preferido. Después de los cuentos, lee su poesía, ya verás.

Leandro dijo...

Esa, esa es la cuestión. Que un día descubres que, además de los cerditos, los lobos, los cabritillos, las princesas y las caperucitas, hay otros cuentos. Ay, si todo fuera como debe ser...

Amor dijo...

Sería un horror, si todo fuese como debe. Qué pereza.

Leandro dijo...

Todo, no sé. Pero de vez en cuando no viene mal que algo sea como debe ser. Empezando por uno mismo

Amor dijo...

Para ser como se debe, primero hay que saber cómo es eso de ser como se debe.

Leandro dijo...

Creo que eso es algo que, en el fondo, todos sabemos

Anónimo dijo...

O creemos saber.

Leandro dijo...

Vale, me rindo

Clares dijo...

Pues no te rindas, corcho, que no hay que rendirse nunca, y menos cuando tienes razón, porque, en efecto, uno sabe siempre como es lo que debe ser, en lo profundo, en la verdad más honda.

Leandro dijo...

¡Un voto a favor! Esto hay que celebrarlo

Nacho dijo...

Que sean dos

Leandro dijo...

Bueno... esto, para mí, es lo que se suele llamar apoyo masivo

Anónimo dijo...

Sí, pero a veces está tan honda esa verdad.
Aún así, yo también te apoyo, con las botas puestas.

Anónimo dijo...

Volviendo al primer cuento, de adultos, claro. A mi me pillaron con El Decamerón en las manos. Entonces desapareció durante un tiempo. Yo tenía trece o catorce años.

Leandro dijo...

Hablando de cuentos, un voto con botas. Ese debería valer doble.

A mi edad, El Decamerón aún sigue en tareas pendientes.

Anónimo dijo...

Es bastante interesante desde diversos puntos de vista. Importante es trasladarte a la época.

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