Buenas notas y días mejores

30 noviembre 2010

Sobresaliente alto. En matemáticas. En física. Y en química. En geografía. En historia. Y en historias diversas. En literatura. En lengua. En humanidades varias. Y en música, claro. O el día de la Región de Murcia. Y el de La Rioja. El día del Geólogo en Argentina y el de la Unidad de Todas las Razas en los Estados Unidos de América. Toma ya. San Efrén, San Primo, San Feliciano, San Ricardo, San Columbo, San Vicente, Santa Amada, Santa Pelagia y Beatos José de Anchieta y Ana María Taigi. El óbito de Charles Dickens. El cumpleaños de Curzio Malaparte. El debut cinematográfico del pato Donald. O el aquel día que. Que sí, que esto aún no se ha acabado. Que habrá más.

Como anillo al dedo

16 noviembre 2010

Volvió a mirar el precio. Eran dos meses de sueldo. Luego miró a la vendedora y dijo las palabras mágicas: me lo llevo. Era barato. Al fin y al cabo, ¿qué podía pagar con dos sueldos? El alquiler, la manutención básica y tres cafés. O ese anillo. Era perfecto. Mientras pagaba, solo pensó en lo bien que quedaría en el dedo de Luisa. Y al llegar a casa, no pudo esperar más. Abrió el congelador, sacó el paquete y retiró el papel de aluminio. No se había equivocado: era perfecto.


Publicado en el libro
Erase una vez... un microcuento
VV.AA., Ed. Diversidad Literaria
Madrid, mayo 2013

Últimas voluntades

02 noviembre 2010

En las fechas que corren, es raro que no se plantee la cuestión. ¿Qué quiero que se haga con mis restos cuando sean sólo eso, restos? Mis ancianas y venerables tías se hicieron construir un panteón familiar en un lugar alto y soleado del cementerio; un panteón en el que desde hace unos años por fin reposan mis abuelos, sobre cuyo traslado y sus pormenores me reservo el derecho a escribir unas líneas cualquier día de éstos. Para algo ha de servirme la condición de depositario de marrones familiares diversos. Mi suegro quiere que esparzan sus cenizas por su finca; mi padre, por una finca que fue suya. Mi madre sigue investigando si la cremación es compatible con la anunciada resurrección de los muertos. Mi cuñada pretende que pongamos sus cenizas en el salón, en una repisa o sobre la tele, con una leyenda que rece «Estoy hecha polvo». Y a mi hermano le gustaría que en su funeral suene Devuélveme la vida, a ser posible cantada por Malú. Hay gente para todo. Sí, podéis burlaros. Yo también lo hacía. Pero conforme se van cumpliendo años, se va uno dando cuenta de que la cuestión no deja de tener su importancia. Y su inminencia, todo hay que decirlo. Así que yo también he pensado lo que quiero que se haga con mis restos mortales, y una vez comprobado que no me dejarán esparcir mis pobres cenizas por el césped del estadio Santiago Bernabeu [nos ponemos de pie], dejaré dispuesto que se me deposite en una urna cineraria, sobre una estantería del Bar Plaza, en Celanova, entre la botella azul de Bombay Saphire y un tercio de Estrella Galicia. «Aquí descansa Leandro, donde ya en vida estuvo descansando». Sí, lo sé, habría quedado mucho mejor si me hubiese llamado Fernando, pero me llamo como me llamo y eso tiene mal arreglo ya. Y de todas formas, pienso que esa rima asonante no viene del todo mal; es todo un ripio de azulejo de bar, muy apropiado para la finalidad perseguida. Antes de dejar las cosas así dispuestas necesitaré, huelga decirlo, el beneplácito mancomunado de Benito y Javi, o de Javi y Benito, que tanto monta, pero pienso que no habrá obstáculo insalvable que me impida obtenerlo, máxime si se tiene en cuenta que igualmente preveo disponer una manda testamentaria a su favor con el loable fin de que, en cada aniversario de mi nacimiento y de mi deceso, a eso de las siete de la tarde, se invite a una generosa ronda a los paisanos presentes en el establecimiento, a cambio tan sólo de un modesto responso y de la lectura de unos versos que aún tengo pendiente de seleccionar. Se admiten sugerencias al respecto. En todo caso, insisto: la cuestión tiene su importancia, y es conveniente dejar las cosas bien dispuestas para evitar desarreglos y equívocos. ¿Pueden evitarse, por cierto? Mucho me temo que no. Y eso es lo malo de todo esto: ser víctima de una confusión macabra y acabar en el bar equivocado. En el bar equivocado, en el mejor de los casos. Todo es susceptible de empeorar.

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