Música para vecinos

06 febrero 2011

Hay gente a la que le molesta. Y les comprendo. Cualquier sonido no deseado puede perturbar el estudio, la siesta, la lectura o una suave sesión de caricias furtivas. O varias de estas actividades al mismo tiempo.  Pasé por ese rechazo durante una larga, larguísima temporada, cuando preparaba oposiciones. La habitación que mis padres prepararon con cariño para cuidar al máximo mi concentración daba a un patio interior, y cualquier sonido que entraba por la ventana me molestaba, me exasperaba hasta la más grotesca comicidad. Recuerdo algunas de mis desmedidas reacciones. Vivíamos en el cuarto izquierda. El hijo mayor del tercero derecha hacía gala de su pasión por la ópera, esa curiosa rama del arte con la que al cabo del tiempo, según tengo entendido, llegó a ganarse la vida. Las niñas del segundo derecha, a las que la crisis de los primeros noventa llevó a otro edificio, en otro barrio, tan rápido como las había traído el boom inmobiliario de los últimos ochenta, hacían sonar a los Hombres G hasta ahogar el Tannhäuser. Y yo trataba de ahogarlos, a los dos, a Wagner y a David Summers, a base de alaridos que hacían retumbar en el patio mis airadas protestas y mi santa indignación. O recriminaba su inocente melomanía lanzando garbanzos, huesos de albaricoque o cortezas de mandarina contra sus respectivas ventanas. O fijaba carteles reprobatorios en el ascensor. Reprobatorios, y lo que es peor, terriblemente pedantes. Imperdonable. Y eso es sólo una muestra de las diversas neurosis y psicopatías por las que suele verse afectado cualquier opositor que se precie de serlo. O de haberlo sido. Tal vez merezca la pena volver sobre esas manifestaciones de demencia prematura otro día, desde la perspectiva que suele proporcionar un poco de tiempo. O mucho. Eso, siempre y cuando no lo impida mi hipertrofiado sentido del ridículo.

Pero eso fue solo una etapa. Desde siempre ―desde muchísimo antes, desde que era muy pequeño, y también después, cuando me libré de aquel infierno― recuerdo con agrado la música que se colaba por los patios interiores. La tengo asociada, sobre todo, a larguísimas y perezosas tardes de verano. De primavera, a veces. Transistores, radiocasetes, televisores y vinilos hacían sonar melodías que yo no había elegido, que no siempre conocía, y que muchas veces ni siquiera me gustaban, pero que me transportaban a otros pisos, a otras habitaciones, a otros mundos.

Y sí, comprendo que puede resultar molesta. Sé que no siempre es bien recibida. Pero no hay peligro: los aislamientos de PVC, el aire acondicionado que mantiene cerradas nuestras ventanas cuando el calor amenaza, los auriculares, el emepetrés y otros inventos del maligno, e incluso, por qué no decirlo, la progresiva desaparición de los patios interiores en la moderna arquitectura residencial, le ponen freno. La están matando. Además, esa música casi siempre parece ir hacia arriba, como el humo, como los olores, como el aire caliente, y ahora que vivo en un primero se han reducido notablemente las posibilidades de volver a escucharla. Y cómo la echo de menos a veces, incluso en invierno.

46 comentarios:

Calvin dijo...

¡Cómo te echaba de menos! Gracias por el regalito.

Nacho dijo...

No sabía que teníamos ese otro punto en común.
Yo también fui opositor casi cuatro años, y aunque fue duro - no pienso contar ninguna de las neurosis que desarrollé - , a la postre también creo que fue positivo, por algunos hábitos desarrollados, que amortiguaron otros anteriores no tan aconsejables.
Claro que también es cierto que me quedé sin saber si las habría sacado, porque las quitaron antes de poder estrenarme en condiciones, lo que me permite responsabilizar a oscuras maniobras de ministros y de dos cuerpos en liza por sus respectivos y cuantiosos intereses de que finalmente no pudiera ser, y al final, visto lo visto, también creo que fue para bien.

Leandro dijo...

Ni en la mejor de las hipótesis llegué jamás a pensar que alguien pudiese echar de menos esto. El regalo no es tal, es un premio. Gracias a ti.

Yo, Nacho, por más esfuerzos que hago, no consigo recordar ningún aspecto positivo de la oposición. Bueno, sí, miento: mi preparador; era (y supongo que seguirá siendo) un tipo cojonudo. Por lo demás, en mi caso acabó venciendo la música que entraba por la ventana. Afortunadamente

Nacho dijo...

Lo ves....

Leandro dijo...

O aun mejor: lo oigo

Oneflo dijo...

Por fortuna, o todo lo contrario, según se mire, nunca he tenido vecinos.

Miento, una vez, durante una temporada, la pared de la izquierda, y me temo que los folloneros éramos nosotros, que no sabemos vivir en sociedad.

Ahora, sin embargo, voy a pasar unos días en una asombrosa vecindad de gruñidos, gritos, visitas de cortesía a las habitaciones de al lado -yo las tengo restringidas, sonno apestatto- que se consideran obligadas a dar conversación y ánimos, cuando, en la mayoría de las ocasiones, no se han solicitado.
En fin, sonidos varios que nunca podrán elevarse sobre las conversaciones reivindicativas de un colectivo al que le están dando mucho por el saco, hasta tal punto que los necesitados andamos acojonados elucubrando qué va a pasar con nosotros si nos abandonan a nuestra suerte.......

En fin, si no estuviese tan sumamente jodido, hasta ponía un post en este blog.

Leandro dijo...

No lo dudes: por fortuna. Los vecinos sólo sirven (sólo servimos) para que alguien cuente historias sobre ellos, y muy poca gente las cuenta bien.

Si los del colectivo puteado te abandonan a tu suerte, avisa. Estoy dispuesto a acudir al rescate con un whisky de calidad. De buena calidad, se entiende.

Nacho dijo...

Si es whiskey mejor, me decanto por el irlandés, Bushmill, Tullamore, o mejor un Paddy Old, es sencillo y a la vez fantástico, pero conste que me adapto ¿eh? Solo avisad.

Leandro dijo...

Yo, si te he de ser sincero, al whisky no me adapto. Ni al whiskey. Y no será que no lo he intentado. En este caso, sin embargo, estoy dispuesto a trasegarme un galón. La ocasión lo merece

Amor dijo...

Mira Nacho, qué iluso. Pero aún no se ha dado cuenta de la alta proporción de (ex)opositores que hay ente los blogueros?
Chopin? Voy a ver, pero ¿soy la única que me parece que en radio clásica se están pasando con el año chopín? Que lo he oído interpretado ya por todo cristo, y hasta en versión jazz-bossa nova!

(Yo tambien te echaba de menos!)

Oneflo dijo...

Hasta el agua de los grifos, me bebía yo. Ni os cuento esas esencias que me ofrecéis.

Leandro dijo...

Las esencias te esperan con los brazos abiertos, macho.

De lo del año Chopin, ni idea. Esto ha sido una coincidencia, aunque mucho me temo que nadie me va a creer. Y si no podía imaginar que una sola persona llegase a echar de menos esto, imagínate dos. Estoy a punto de llorar

Calvin dijo...

oseatelojuroooooo!

Leandro dijo...

Vale, vale... me lo creo

Anónimo dijo...

Anda.... no soy la unica

Leandro dijo...

Yo soy el primer sorprendido, sí

maria dijo...

!Caramba! !Qué buen relato!! Me ha robado unas cuantas sonrisas, pues estoy empezando con unas oposiciones al cabo de mmmmmmm.... años de no estudiar y juas! el otro día ya tenía pensamientos demoníacos hacía al niño del primero! jajaja. Y eso que sólo llevo tres meses!!! A este paso me quedo sin vecinos!
!Saludos!
Contenta de haberte descubierto.

Leandro dijo...

Supongo que cuando dices buen relato te refieres al que va en el enlace. Te quedas corta, es un gran relato. Ánimo con esas oposiciones y paciencia con el niño del primero, que no tiene la culpa de nada

Nacho dijo...

Amor... ¿sugieres que el ser bloquero es una más de las taras desarrolladas como consecuencia de un pasado opositor? ¡Caramba! Nunca se me habría ocurrido.
Sí había observado una alta proporción de licenciados en Derecho, pero siempre lo he atribuido a las condiciones, externas, de mi ecosistema, no a ninguna razón interna.
Me lo haré examinar

Leandro dijo...

Una disfunción como otra cualquiera

Rubén dijo...

Yo dispongo de música en la parte de arriba de mi casa (Marta), mientras yo trato de aislarme con mi ordenador portátil en la cocina (que es donde escribo, corrijo exámenes y demás pendejadas). Me reconozco opaco a los encantos de los pentagramas durante casi todos los días del año.

Leandro dijo...

Nadie es perfecto, Rubén

Nacho dijo...

Mi mujer diría que es una disfunción (una más) masculina, problemas de tener activo un solo lóbulo, e incapaces de hacer dos cosas al mismo tiempo...., ¡en fin!

Leandro dijo...

Mientras sea esa la única disfunción masculina que pueda achacarte tu mujer, bien vamos. Seguimos en la brecha

Nacho dijo...

No, no, Leandro, una más entre tantas, me temo.

Leandro dijo...

Pues que no nos pase nada

Anónimo dijo...

Qué brujas

Leandro dijo...

Que va. Es que les damos muy mala vida, a las pobres

Anónimo dijo...

Vaya

victoria dijo...

Leandro: me ha encantado tu relato, lo comparto porque lo viví durante DOS años casada con un opositor, manías? incontables!!!
Por cierto, anónimo, de "brujas" nada!!!!

Leandro dijo...

Caramba, Victoria, qué sorpresa verte por aquí, no lo esperaba. Y seguro que Nacho tampoco. El relato verdaderamente bueno es el que va en el archivo adjunto; a ése sí merece la pena dedicarle un rato. Y haya paz, por favor, que no está el negocio como para ir espantando clientes

unwakeable dijo...

¿Aprobó usted las oposiciones?

Un saludo

Nacho dijo...

¡C.....! ¡Mi mujer!.... pero que hace por aquí!!??

Leandro dijo...

Éste ámbito de privacidad se autodestruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos...

Leandro dijo...

Puede usted dar por seguro que no, en absoluto, estuve muy lejos de aprobarlas. ¿Unweakable viene a ser algo así como indespertable? Mera curiosidad, nada más

unwakeable dijo...

Más bien, es algo así como... indeseable, impresentable e insoportable :-)
Un saludo

Leandro dijo...

No será para tanto, digo yo

unwakeable dijo...

:-)

Anónimo dijo...

El que se pica, ajos come ......

Leandro dijo...

Y mira que pedí paz

Javito dijo...

En la guerra de los patios yo era de los del otro bando, de los que perturbaban la calma. Mi arma preferida: una guitarra. No hubo pegada de carteles, pero sí miradas amenazadoras por parte de algún vecino, poco comprensivo con mis esfuerzos por ligar más de dos acordes de forma consecutiva…

Me ha gustado mucho la primera parte de la introducción, me recuerda a La Ventana Indiscreta. Ahí hay un cuento, Pregonero. Esperamos impacientes.

Leandro dijo...

La introducción no deja de ser eso, una introducción. Aquí lo que vale es el cuento adjunto. Sin embargo, cuarenta y un comentarios después compruebo que se le da bastante de lado. Craso error.

En la guerra de los patios, salvo en ese breve paréntesis neurótico al que me he referido, yo también habría estado en tu bando. Habría escuchado tu guitarra no sólo con agrado, sino también con cierta empatía. Porque supongo que el esfuerzo por ligar dos acordes consecutivos formaba parte de un estudiado plan para ligar con dos chicas guapas consecutivas. O más

Javito dijo...

¿Hay algún otro motivo para aprender a tocar la guitarra? O se admite, o se miente, pero es de las pocas verdades absolutas que conozco... si no la única.

El cuento no lo he leído todavía, prometo aportar mi opinión cuando lo haga. Con un poco de suerte llegamos a los cincuenta comentarios.

Ah! y una introducción escrita por el Pregonero nunca es una simple introducción, deberías saberlo ya a estas alturas...

Leandro dijo...

¿Con suerte para quién?

Ojo con el término introducción, que puede ser malinterpretable

Javito dijo...

Lo sé... por eso he puesto "escrita". En un primer momento puse "introducción hecha por el Pregonero", pero vi que quedaba para mayores de 7 años...

Leandro dijo...

no es lo mismo, claro, aunque hay gente para todo

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