Sobre los vivos y sobre los muertos

18 agosto 2008

La primera vez que me contaron esta historia corría el mes de agosto de 1989. Aunque parezca increíble, corría también una ligera brisa en la Chopera del Parque de El Retiro, en el cine al aire libre. Doble programa doble. Dos pantallas espalda contra espalda y dos películas en cada pantalla. El espectador elige, y Eva, Joaquín y yo elegimos la última de John Huston. A pesar de los diecinueve años que han llovido desde entonces, recuerdo que a Eva no le gustó. Todavía era muy joven para dejarse llevar por eso que llamó filosofía del desencanto; de hecho, creo que todavía lo sigue siendo. A mí sí, a mí me impresionó, como me impresionó la indiferencia de Eva, por contraste y porque tengo su criterio por inteligente y más que fiable. Bastante más que el mío, por cierto. Por eso no puedo asegurar que este cuento vaya a ser de vuestro agrado. Porque a mí, no sólo entonces, ni algunos años más tarde, cuando lo leí por primera vez, sino cada vez que vuelvo sobre él, me conmueve. Desde los pies de Lily, la criada, hasta las almas y los cuerpos que reposan bajo la nieve, la presencia de los muertos en la historia es permanente. Pero no es un cuento de miedo… salvo que uno tenga miedo de sus propios Michael Furey.

5 comentarios:

Ana dijo...

Conseguí terminarlo y sí, es conmovedor, pero un poco espeso para mi gusto. Me gustan más los tuyos, sin ánimo de pelotearte a tí ni despreciar a James Joyce.

Leandro dijo...

He cambiado de opinión. Estas cosas, el sábado a la hora del aperitivo. Aquí se pueden reir de nosotros.

Ana otra vez (la gente trabaja mucho o le cunde muy poco) dijo...

Si te refieres a que opine en privado, en el correo electrónico, llegas tarde, está claro...
Como me dijiste cobarde por no opinar públicamente, pues he tomado nota.

Leandro dijo...

Me refería sólo a esas comparaciones en las que salgo tan bien parado. Si se enteran que eres mi hermana del alma, puede haber cachondeo de más.

Ana dijo...

Oye, que criterio muy poquito, pero objetividad me sobra y ésto al fin y al cabo es una cuestión de gustos...
Que si no lo pensara de verdad habría guardado un discreto silencio, o no, que hoy me aburro un poco...

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