Para los que no sabemos pintar

11 septiembre 2008

1974, año cero. Se nos aparecen Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán (CRAG, para los perezosos). La crítica especializada y los enterados de siempre —sí, esos—, boquiabiertos, apenas acertaban a balbucear el torrente de elogios que les merecía su excelente primer disco, Señora Azul. El resto de los mortales, mientras tanto, andaba distraído entre la canción protesta, los vocalistas melódicos (algunos de aquéllos todavía siguen vivitos y coleando) y la canción del verano. En mi caso, yo diría que el tema principal de Vickie el Vikingo era lo que me privaba en aquél momento. El fatídico acróstico de la banda, sin embargo, resultó premonitorio. Un disco, ni un solo concierto oficial, esporádicas apariciones en grupos reducidos de a tres (nunca los cuatro), un descenso a los infiernos como banda de acompañamiento de Karina, irregulares carreras en solitario, un fugaz reagrupamiento en 1984, dos nuevos discos (Queridos compañeros y CRAG 1985), primeras actuaciones del grupo al completo, nueva disolución, otra vez cada uno por su lado, escasas apariciones y conciertos familiares hasta prácticamente anteayer, cada vez con más kilos, más canas, más música y menos tiempo por delante. Con el tiempo, alguna de sus canciones llegó a alcanzar una más que notable popularidad. La que más, probablemente, Sólo pienso en ti. Hará unos diez años, Enrique Urquijo tiñó esta canción con ese aire melancólico tan suyo. Incluso Papito se atrevió con ella. ¿Era necesario? ¿Para qué?, cabría preguntarse. Bueno… para que algunos la bailasen y otros, incluso, llegasen a conocerla. No hay mal que por bien no venga.



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