5. Penumbra

21 noviembre 2011

No es porque los días sean cada vez más cortos y las noches cada vez más largas. Tampoco es por el cambio de hora. Ni siquiera es por culpa del otoño. Al menos, no es sólo por eso. Es porque el encendido del alumbrado público se ha retrasado unos minutos. Sólo unos pocos minutos. Ochenta y ocho mil ciento sesenta y siete puntos de luz (farola arriba, farola abajo) se encienden ahora un poco más tarde. Y luego, de madrugada, se apagan un poco antes. Aunque sea a razón de un céntimo por punto de luz y día, es mucho dinero menos. Por eso, por culpa de ese dinero, nuestras calles son ahora un poco más oscuras.

10 comentarios:

Amor dijo...

La escasez tiene un punto de romanticismo.

Leandro dijo...

Sobre todo la escasez de luz

Anónimo dijo...

Pues el romanticismo es divino a plena luz del día. La penumbra y la escasez no tienen nada de romántico.

Leandro dijo...

Díselo a Bécquer

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

Es que a plena luz, ya sea del sol o esa luz blanca que parece querer atravesar hasta el último poro de la piel, es más fácil descubrir los defectos que un mal entendido romanticismo nos quiera hacer creer inexistentes; la penumbra los suaviza, los difumina, cuando no los oculta directamente, y permite volar a la imaginación que crea a alguien inexistente.
Después viene el batacazo, claro, pero la culpa es nuestra.

Leandro dijo...

¿Mira que si lo de las farolas lo hacen por eso, Nacho?

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

Seguro que es por eso, pero solo en el sentido más pedrestre.

Leandro dijo...

Mucho me temo, Nacho, que volverán las oscuras golondrinas

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

Mientras no sean cuervos...

Leandro dijo...

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