Pisando sobre las huellas de los más grandes

28 noviembre 2011

El veintiocho de noviembre de mil novecientos once, hace ahora cien años, Kafka escribió en su diario:

28.XI 1911 Durante tres días no escribo nada.

Sólo eso.

Durante tres días, yo tampoco he escrito nada. Supongo que eso quiere decir que estoy en el buen camino.

5. Penumbra

21 noviembre 2011

No es porque los días sean cada vez más cortos y las noches cada vez más largas. Tampoco es por el cambio de hora. Ni siquiera es por culpa del otoño. Al menos, no es sólo por eso. Es porque el encendido del alumbrado público se ha retrasado unos minutos. Sólo unos pocos minutos. Ochenta y ocho mil ciento sesenta y siete puntos de luz (farola arriba, farola abajo) se encienden ahora un poco más tarde. Y luego, de madrugada, se apagan un poco antes. Aunque sea a razón de un céntimo por punto de luz y día, es mucho dinero menos. Por eso, por culpa de ese dinero, nuestras calles son ahora un poco más oscuras.

4. Monedas

16 noviembre 2011

El barrio en el que vivo es un barrio humilde, modesto, pero no un barrio marginal. Ni mucho menos. Es un barrio de gente trabajadora, de pequeños autónomos. Peluquerías, panaderías, bares, tiendas de ropa, locutorios, alpargaterías, alguna sucursal bancaria. El pasado sábado, en la esquina de mi manzana, había una señora de pie, apoyada sobre la fachada de un local vacío en el que hasta hace unos meses vendían ropa barata, y hasta hace un par de años, artículos deportivos. Rondaba los setenta años. Tal vez un poco menos, quizá un poco más... no soy muy bueno calibrando la edad de la gente; de hecho, me temo que ni siquiera he aprendido aún a calibrar bien la mía. Llevaba un vestido estampado, rojo y negro. O rojo y gris oscuro. El pelo corto, teñido de rubio. No estaba delgada, tampoco excesivamente gruesa. Zapatos negros. Una señora normal, una señora cualquiera, como muchas otras señoras que circulan por mi barrio con sus nietas o con sus carritos de la compra. Pero sostenía en la mano derecha un vaso de plástico en cuyo fondo descansaban las monedas que algunos transeúntes le iban echando. Pocas, la verdad. Muy pocas.

3. Préstamos

07 noviembre 2011

Hace apenas un mes, me contó un amigo que un amigo suyo había ido a verle. Alguien que yo no conocía, me dijo. Alguien con quien estudió en la universidad. O con quien coincidió trabajando en la misma empresa. O con quien cenaba algunos sábados por la noche. O con quien jugaba al padel. O alguien que llevaba a sus hijos al mismo colegio. O a la misma academia de inglés. O dos o más de esas cosas. O algo por el estilo, no lo recuerdo. A lo mejor no me lo dijo. El caso es que, después de algún tiempo sin haber coincidido, el amigo de mi amigo le llamó y fue a verle. Le pidió prestado un poco de dinero para poder comprar a sus hijos los libros del colegio

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