3. Préstamos

07 noviembre 2011

Hace apenas un mes, me contó un amigo que un amigo suyo había ido a verle. Alguien que yo no conocía, me dijo. Alguien con quien estudió en la universidad. O con quien coincidió trabajando en la misma empresa. O con quien cenaba algunos sábados por la noche. O con quien jugaba al padel. O alguien que llevaba a sus hijos al mismo colegio. O a la misma academia de inglés. O dos o más de esas cosas. O algo por el estilo, no lo recuerdo. A lo mejor no me lo dijo. El caso es que, después de algún tiempo sin haber coincidido, el amigo de mi amigo le llamó y fue a verle. Le pidió prestado un poco de dinero para poder comprar a sus hijos los libros del colegio

21 comentarios:

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

O porque le van a cortar la luz, o el agua...., van bien vestidos, y a veces van a escondidas, porque todavía no pueden soportar la vergüenza, a Cáritas, a por una bolsa de comida... y mientras tanto se contrata un lote de iPad e IPhone 4 de última generación para cada uno de los diputados y senadores; 600.000 ó 700.000 €. No es que sea mucho, o poco, me da igual, es indecente...

Leandro dijo...

Nadie debería poder soportar esta vergüenza

supersalvajuan dijo...

Eso, Eso, tabletilla para la chusma política.

Leandro dijo...

Por sus tabletillas los conoceréis

Anónimo dijo...

"Nadie debería soportar esta vergüenza"...Bueno,¿por qué nadie dijo esto justamente en época de ganancias? Sí, jamás escuché a un abogado decir: he cobrado una cuantiosa minuta,¡no sé como puedo soportar esta vergüenza! Ni se lo escuché decir a un promotor al ver su cuenta de resultados, ni al comerciante al hacer la caja, ni al funcionario al ver su nómina... Nos comportamos como niños malos que pierden una partida del juego: solo entonces queremos cambiar las reglas, mientras que eso ni se nos pasaba por la cabeza cuando ibamos ganando.
Éxito o fracaso, ¿qué es más destructivo? Al menos, el fracaso ha dado a estos dos amigos una nueva oportunidad de serlo de todo corazón.

Leandro dijo...

Yo no he dicho que nadie debería soportar esta vergüenza, he dicho que nadie debería poder soportarla. Es parecido, pero no lo mismo. Y es condicional: nadie debería poder soportar esta vergüenza. Pero podemos, lo cierto es que casi todos podemos. Como también es cierto que casi nadie se paró a pensar en esos tiempos en que todo iba muy bien y muy rápido. Demasiado, quizá

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

Anónimo, parece evidente que el abogado - o cualquier otro profesional, o empresario, o trabajador - que cobra la justa remuneración a su trabajo no tiene por qué sentir vergüenza alguna, y el que la cobra a sabiendas de que es injustamente cuantiosa carece de vergüenza, e, ironías del destino, es posible que no esté padeciendo la crisis, y que además (¡hay que fastidiarse!) duerma a pierna suelta.

No creo que sea ese el tema, ni el cambio de las reglas del juego, entre otras cosas porque no participamos ni en su elaboración ni en sus "actualizaciones"; el tema creo que son esos cambios en el paisaje, como se llama esta sección, y parece evidente que para bien o para mal, se están produciendo.

Y digo para bien porque sí coincido en que todo iba demasiado rápido y, tal vez, esta situación sea, efectivamente, una oportunidad para detenerse a pensar en lo que de verdad merece la pena.

Leandro dijo...

El problema no son las reglas del juego, creo. El problema son los tramposos, incluso los tramposos ocasionales. Las trampas pervierten las reglas, las desvirtúan; en el menos malo de los casos, las convierten en un inútil compendio de precauciones frente a tramposos. Esos a los que, creo, os estáis refiriendo los dos

Anónimo dijo...

La cuestión,entonces,estimado José Ignacio, es muy simple: ¿cuántos euros necesita un hombre? ¿Cuándo estimamos justa nuestra remuneración? Creo esto: en general, nos cuesta comprender que tenemos suficiente. Y el que lo comprende, te lo digo por experiencia, es tomado por los demás compañeros de trabajo como un perfecto idiota.
Y es verdad que los tramposos pervierten el juego, pero también que el juego mismo, por su propia naturaleza, incita a la trampa, pervierte el espíritu de casi todos los jugadores. Y aún así, repito, pasa por un juego divertido y decente.
Creemos que esta crisis responde a errores técnicos, y que, por lo tanto, un buen número de especialistas ha de ser capaz de resolverla. Mientras que, en último ánalisis, se trata de un problema moral, con el que la técnica nada puede hacer.
No hay, pues, soluciones generales. Es en el propio pecho de cada cual donde debe resolverse el problema de las posesiones y la felicidad.

Leandro dijo...

Hasta el día de hoy, cualesquiera que hayan sido las reglas, cualquiera que haya sido el sistema, cualesquiera que hayan sido las buenas intenciones de quienes lo han ideado... fueron pervertidos por los tramposos. Y así seguirá siendo, me temo. Tienes, pues, mucha razón en eso que es un problema moral, no técnico, y es en el interior de cada uno donde se debe resolver. Y yo añadiría que, precisamente por eso, mala solución tiene.

También tienes mucha razón cuando afirmas que nadie parece tener suficiente jamás; es una verdad como un templo. Y creo que si alguien que yo conozca sabe algo de esto es precisamente Nacho, que por lo que yo sé, y lo digo porque sé que él no lo va a decir, lo vive a pie de obra a costa de su tiempo, del de su familia y de su propio bienestar

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

Pues vamos a coincidir, aunque no tiene nada de extraño porque se acepta de forma generalizada (hasta lo ha dicho el presidente del Gobierno, aunque habló de "valores") que detrás de todo este panorama hay un problema moral, o si se quiere de inmoralidad o amoralidad, el convencimiento de que no tiene por qué haber reglas, o de que hay muchas excepciones, en la política, en la economía...; el problema es que, desde una concepción bastante pesimista del hombre, existe también el convencimiento, bastante generalizado, de que bastan las reglas, los técnicos, las leyes, para solucionar los problemas, y no es cierto, porque siendo necesarias todas esas cosas, es esencial una conversión del corazón, de cada uno, y de la sociedad en su conjunto.

Y sí, seguro que esta crisis puede ser una oportunidad para cambiar muchas cosas - todas las crisis son, pueden convertirse en oportunidades -, a condición de que tengamos la sensibilidad suficiente para percibir esos cambios en el paisaje (para ello debemos empezar por dejar de mirarnos a nosotros mismos, es un buen comienzo), y la fuerza para reaccionar.

Leandro dijo...

Es un problema esencialmente moral, de acuerdo. Y la solución pasa por la conversión de cada uno, de acuerdo. Insisto: mal arreglo tiene esto

Leandro dijo...

Pero mira, siempre hay alguien que se empeña en llevar la contraria

Anónimo dijo...

Si en los días tristes uno ha de buscar consuelo en la literatura y en la amistad, veo, Leandro, que tú tienes ambas cosas a la mano...¡Da gracias al cielo, Leandro!
Yo también creo, como tu amigo José Ignacio, que todo fracaso es una oportunidad; pero soy pesimista. Porque el fracaso sólo nos ayuda a perfeccionarnos a condición de que no culpemos a otro por ello...¡Pero, en nuestras sociedades parlanchinas toda discusión comienza con un "la culpa de esto la tiene..."!
Para mí lo más complicado es no ser un espíritu práctico, vencer la fuerte inclinación a serlo. ¡Y ayuda tanto encontrar bondadosos idealistas como esa señora de la noticia! Me digo: ese acto ha embellecido una vida pobre y humilde como no lo hubiese hecho otra cosa en toda la eternidad. Pero, luego, me es imposible imitarlo.

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

Pues fíjate...., lo vemos como algo admirable, y realmente lo es, porque también percibimos que no es lo normal; aunque a lo mejor estamos equivocados, y no porque no haya gente que sí se hubiera quedado con el dinero, sino porque a lo mejor son bastantes menos de los que pensamos.

Leandro dijo...

Ciertamente, esa conducta es muy difícil de imitar. Casi imposible. Pero la culpa de eso la tiene el gobierno, ya lo sabes. Y los bancos, los bancos también tienen la culpa

Leandro dijo...

Y sin embargo, Nacho, esto es noticia. Por algo será

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

¿porque el periodista también está equivocado?

Leandro dijo...

El periodista, el jefe de redacción, el director del periódico, los lectores... mucha gente equivocada. Tanta que, por reducción al absurdo, dejan de estar equivocados: esta historia es noticia

Anónimo dijo...

¡En tu ironía, Leandro, hay un poso de verdad! Los hedonistas, incluso los hedonistas sociales que buscan el placer del mayor número de ciudadanos, dicen de los idealistas: solo esos pocos se comportan así; luego, están equivocados. O mejor: debemos hacerlos analizar por un psiquiatra. Esto me recuerda una obra de Williams James, psicólogo y ensayista, y hermano del célebre escritor. Decía: toda creencia religiosa es un estado anímico perturbado. ¡Quien entrega la cartera perdida al que la perdió, solo porque es su hermano y Dios le ha pedido que lo haga (y no hay más que hablar), es que no está en sus cabales! Lo cual no significa que James no hubiese procedido a entregar la cartera, para buscar la felicidad propia y la general.

Leandro dijo...

No podemos enviarlos al psiquiatra. Al devolver la cartera, se quedaron sin dinero para pagar la consulta. Locos eran, y locos se quedarán

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