4. Monedas

16 noviembre 2011

El barrio en el que vivo es un barrio humilde, modesto, pero no un barrio marginal. Ni mucho menos. Es un barrio de gente trabajadora, de pequeños autónomos. Peluquerías, panaderías, bares, tiendas de ropa, locutorios, alpargaterías, alguna sucursal bancaria. El pasado sábado, en la esquina de mi manzana, había una señora de pie, apoyada sobre la fachada de un local vacío en el que hasta hace unos meses vendían ropa barata, y hasta hace un par de años, artículos deportivos. Rondaba los setenta años. Tal vez un poco menos, quizá un poco más... no soy muy bueno calibrando la edad de la gente; de hecho, me temo que ni siquiera he aprendido aún a calibrar bien la mía. Llevaba un vestido estampado, rojo y negro. O rojo y gris oscuro. El pelo corto, teñido de rubio. No estaba delgada, tampoco excesivamente gruesa. Zapatos negros. Una señora normal, una señora cualquiera, como muchas otras señoras que circulan por mi barrio con sus nietas o con sus carritos de la compra. Pero sostenía en la mano derecha un vaso de plástico en cuyo fondo descansaban las monedas que algunos transeúntes le iban echando. Pocas, la verdad. Muy pocas.

10 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Normalidad lo llaman ahora.

Leandro dijo...

Sí, hay que joderse

Anónimo dijo...

Yo vi el viernes a un chico negro, joven. Nunca los había visto pedir. Estos son los que venden relojes, cd's, pulseras, elefantes de la suerte, bolsos. son los que se veían por la playa en verano con una alfombra o dos al hombro.
Me impresionó.

Leandro dijo...

Sí, se ve a bastantes de ellos pidiendo por la calle, siempre en voz baja, desde hace unos meses. Cada vez más

Anónimo dijo...

Ciertamente, estimado Leandro, no corresponde a la verdadera situación de todo hombre el estar apoyado en la pared con un vaso de plástico en la mano, esperando que otro hombre le eche unos céntimos...¡Pero tampoco es propio de la verdadera condición humana la más desvergonzada acumulación de riqueza! Y lo curioso es que nuestros ojos parecen desaprobar sólo lo primero; mientras que los ojos del Santo miran más a lo segundo.

Leandro dijo...

Es obvio que mis ojos no son los del Santo

Anónimo dijo...

Sí, la santidad tiene su más clara expresión en la mirada. Y a mí también me ocurre lo que a tí: me contemplo en el espejo y mis ojos no son los de un santo...Y lo terrible de ese instante es la posibilidad de enorgullecerme de no serlo, de encariñarme con esos verdes ojos altaneros,engreídos y un puntito lascivos.

Leandro dijo...

Podríamos decir que te miras con buenos ojos

Anónimo dijo...

Nuestros ojos no miran lo primero por vergüenza, los que la tienen o la tenemos, de permitir que haya gente con un vaso de plástico pidiendo unas monedas.
Podemos dar una moneda; pero, ¿podemos dar una explicación?.

Leandro dijo...

Podemos, pero no sé si interesa. De todas formas, siempre he visto gente pidiendo en la calle; unas veces más, otras veces menos, pero siempre, desde que tengo uso de razón, los he visto. Lo que nunca había visto es un mendigo cuyo aspecto podría ser perfectamente el de un vecino o un familiar

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