Decíamos ayer

26 febrero 2015

«Hola. En archivo adjunto os envío un relato, por si veis que tiene posibilidades de ser publicado en el próximo número de Narrativas», dije yo.

«Estimado Leandro: Muchas gracias por el excelente texto que nos envía. Estaremos encantados de incluirlo en el próximo número de Narrativas, previsto para finales de marzo, y que hará el número 37. Gracias de nuevo por su colaboración. Saludos cordiales», contestaron ellos al día siguiente. 

Y así, casi un año después, asoman una vez más mis buenos propósitos ―esos viejos y entrañables amigos― y, tirando de fondo de armario, retomo este asunto justo donde lo dejé la última vez. 

En esta ocasión ni siquiera diré «que dure» o «a ver si esta vez es la buena».

Viajeros

27 enero 2015

Creo que esto ya quedó dicho en otra ocasión, pero nunca está de más recordarlo: ¿son posibles los viajes en el tiempo? Pues sí, por supuesto. Todos viajamos en el tiempo. Pero sólo hacia delante. Y lamentablemente, cada vez más rápido. Y cuanto más viajamos, cuanto más camino llevamos recorrido, más nos falta. Tiempo. Extraño viaje.

Feliz año

29 diciembre 2014

Ya lo hice el año pasado, y no me fue del todo mal. Al menos, no me fue peor que siguiendo la fórmula tradicional. Así que voy a repetir: aprovechando que es lunes, empiezo ya el año nuevo y voy adelantando, que luego siempre pierdo mucho tiempo. En términos de tiempo neto perderé mucho más que estos tres días, pero menos da una piedra. Además, si tuviese que adelantar todo el tiempo que voy a perder este próximo año, me encontraría con dos graves problemas. El primero, la necesidad de hacer una estimación lo más aproximada posible de cuánto va a ser ese tiempo que supuestamente voy a perder, lo que, además de la intrínseca dificultad que entraña semejante cálculo apriorístico, puede suponer un notable factor de desmotivación de cara al cumplimiento de mis buenos propósitos, que no son pocos. Y el segundo, pero no por eso menos importante... vaya, lo he olvidado... ¡ah, sí! El segundo problema es que, si llegase a saber con cierta aproximación cuánto tiempo voy a perder y de verdad quisiera recuperarlo con antelación, probablemente tendría que adelantar en varios meses la entrada del nuevo año, y si ese encabalgamiento lo multiplicamos por el número de años que me restan por vivir (que, dicho sea de paso, espero que sean muchos), todo acabaría complicándose en exceso y probablemente terminaría viviendo en un calendario alternativo, lo que a su vez me impediría saber con certeza y con la suficiente antelación cuándo juega el Madrid. Descartado, por lo tanto. Me conformaré con estos tres días de adelanto, que coinciden con el inicio de una nueva semana. La semana, esa unidad temporal por excelencia, nunca valorada en su justa medida. En fin, que 2015 sea un buen año para cuanta más gente, mejor, pero sobre todo para los que habéis llegado leyendo hasta aquí. Os tengo que querer. Y feliz semana, por supuesto.

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