Distracciones

16 abril 2009

Una de las dos grandes diferencias entre el escritor profesional y el escritor aficionado es que éste no escribe. O apenas lo hace. Y no digamos ya si, además de aficionado, es perezoso. Todo le distrae. Siente que su camino está lleno de trampas, de innumerables distracciones que le apartan de su principal misión en esta vida: dejar una obra perdurable, trascendente. Entre estas distracciones, una de las que más distrae es el trabajo. Porque el escritor profesional cobra, incluso en ocasiones vive de ser escritor (que no necesariamente de escribir, pero esa es otra cuestión llena de ricos matices y no estoy muy seguro de que éste sea el sitio adecuado para tratarla). El escritor profesional cobra, decía, pero el escritor aficionado no. Esa es precisamente la otra gran diferencia entre ambos. Y como no cobra, el escritor aficionado se ve en la necesidad de trabajar para ganarse el sustento, y en ocasiones, incluso el de su familia. El trabajo, en sí mismo, no es malo. O no siempre. Pero tiene algunas desventajas nada desdeñables. Una de ellas es que suele ocuparte bastante tiempo. Unos días más que otros, es cierto, pero hoy ha sido de los que más. Así que hoy tampoco he escrito nada. Sí, en efecto, he dicho tampoco.

8 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Trabajo, tiempo y espacio. Siempre irreconciliables.

Antonio Rentero dijo...

Hay conferencias sobre el oficio del escritor que son incapaces de llegar a tan lucida conclusion. Con tan reducida exposision has diseccionado a la perfeccion el abismo vital, la incertidumbre, el hastio, las escusas, el autoengaño, el autobombo, la autocomplacencia... jo, cuanto auto, esto mas que literatura parece un blog de coches ;-)

Alguna vez lei de alguien mas listo que yo que si quieres escribir algo de verdad lo escribes, no lo dejas para tu epitafio.

Leandro dijo...

Ya nos lo dejó dicho Raphael: arrastrar la dura cadena, trabajar sin tregua y sin fin, es lo mismo que una condena que ninguno puede eludir. El trabajo nace con la persona, etcétera, etcétera. Y como somos escritores de lo que escribimos, no de los fabulosos libros que soñamos, o pensamos, o creemos que algún día vamos a escribir, algunos nos quedaremos en escritores de epitafios, me temo. Iba a decir que menos da una piedra, pero eso es exactamente lo que da una piedra. Una piedra con algo escrito puesta encima de un cadaver

Antonio dijo...

El problema es que estamos condenados: "ganarás el pan con el sudor de tu frente" aunque algunos entendieron "con el sudor del de enfrente" y así nos luce el pelo. Así que lo de perezoso iba de veras... ¿Fundamos un club?

Leandro dijo...

Y tan de veras. El problema del club es que a ver quién iba a limpiar por allí de vez en cuando

Anónimo dijo...

La doméstica/o a 10 o 12 euros la hora.

Leandro dijo...

En un club de perezosos, y con mayor razón si algún socio es, además, escritor aficionado, no sé de dónde iban a salir los 10 ó 12 €/hora. Poco se iba a limpiar. O nada

Anónimo dijo...

Seguro que para cervezas habrá.
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