Saber o no saber lo que uno quiere

21 julio 2013

Hace hoy exactamente cien años, Kafka escribió esto en su diario:

4. Odio todo lo que no se relaciona con la literatura, mantener conversaciones (incluso si se refieren a la literatura) me aburre, hacer visitas me aburre, los sufrimientos y las alegrías de mis parientes me aburren hasta el fondo del alma. Las conversaciones le quitan su importancia, su seriedad, su verdad a todo lo que pienso.

Lo escribió junto con otras reflexiones acerca de cuanto habla a favor y en contra de su propia boda. Reflexiones jugosas, por otra parte. Reflexiones que, creo, podrían dar bastante juego. Pero me quedo con ésta, por la sencilla razón de que no puedo estar más en desacuerdo con ella. Tal vez por eso Franz Kafka está donde está y yo estoy donde estoy. Bueno... por eso y por mucho mas, que cantaba Julio. Pero, si hablamos de esta diferencia en concreto, probablemente estemos hablando de compromiso. De compromiso extremo, incluso.

Reunión en la cumbre

15 julio 2013

Inasequible al desaliento, hace ahora una semana volví a intentarlo una vez más. En efecto, he enviado otro relato a otra revista. Tercer intento con revistas, a sumar a los dos intentos en concursos. No tengo remedio. En mi descargo diré que lo hice antes de recibir respuesta a una de las dos tentativas anteriores.

Porque esa es la noticia: he recibido mi primera respuesta en todo este proceso. Mi primera respuesta definitiva, se entiende, porque de esa misma revista ya recibí una respuesta provisional, un más que correcto acuse de recibo. Pero esta es la primera respuesta definitiva. Y negativa, por supuesto, así que podemos decir que este pequeño atentado a la escritura en grado de tentativa queda finalmente en atentado frustrado. Y esto tiene su cara y su cruz, como casi todo en la vida.

En la cara, que creo que es la parte buena aunque nunca lo he tenido del todo claro, podemos colocar la claridad y la seriedad. La claridad, porque siempre es bueno saber a qué atenerse. Y la seriedad de acusar recibo del relato, de leerlo, de someterlo a un proceso de selección, de descartarlo y de contestar... pues la verdad es que hay que valorarla, porque uno es consciente de que todo ese proceso requiere un cierto esfuerzo y de que, además, ese esfuerzo se hace por amor al arte, aunque lamentablemente no podamos decir que mi relato haya quedado incluido en ese arte por amor al cual se lleva a cabo el susodicho esfuerzo. Otra vez será. Y desde luego, la seriedad en la respuesta se agradece porque hay pocos desprecios mayores que la callada por respuesta. O eso dicen. Aunque también puedo comprender que muchas veces los medios materiales y humanos no dan de sí para poder contestar a cualesquiera indocumentados que pretendan colar su cuento en tu revista. Ese es un frente demasiado amplio, imposible cubrirlo, qué le vamos a hacer.

En la cruz (esta es la parte mala, ¿no?) también podemos colocar la claridad. Porque sí, está muy bien saber a qué atenerse, pero no deja de ser una jodienda que te digan claramente que «su relato no ha sido aceptado por el comité de lectura». Vamos, que no se te ha perdido nada en su revista pero que tal vez ellos sí hayan perdido algo de tiempo contigo, aunque por esta vez no te lo vayan a tener en cuenta. Esta respuesta, además, elimina cualquier elucubración del tipo mi cuento se ha perdido en el correo, se ha traspapelado el archivo, no recibieron mi mensaje de correo electrónico, un virus ha destruido su disco duro y con él mi relato, o ha habido un fallo en Matrix. Siempre se puede recurrir a soy un talento incomprendido, la posteridad me reconocerá cuando ya no esté y otras de corte similar, pero por ahora no estoy dispuesto a caer tan bajo. Por ahora.

Así que eso es lo que hay. Se ha reunido el comité de lectura y ha decidido que no estoy a la altura, que va a ser mejor que deje la escritura, que coja mi cuento y lo tire a la basura.

Operación bikini

10 julio 2013

Sí, lo sé. Llego tarde una vez más. Pero a tenor de lo visto en la playa estos últimos fines de semana, los hay que llegan más tarde todavía. Así que ahí van unas cuantas técnicas para adelgazar cuya eficacia está sobradamente contrastada: dieta mediterránea, no picar entre comidas, dejar de cenar, hacer ejercicio, dieta de la alcachofa, nada de grasas saturadas, comer en plato de postre. Y por supuesto, el rey de los métodos de adelgazamiento, el que mejores resultados ofrece, el de toda la vida. Ya sabéis. 

No confundir constancia con reincidencia

01 julio 2013

Pues sí, lo he vuelto a hacer. Como ha pasado más de un mes desde que envié aquel cuento a una revista y no he recibido más respuesta que la famosa callada, he pensado que tal vez sería buena idea llamar a otra puerta. Y ni corto ni perezoso, lo he hecho. Bueno… un poco perezoso sí. Y puede que un poco corto, también. Qué más da, el caso es que ya está hecho. Otra puerta. Otra puerta virtual. Otra revista virtual. No sé, tal vez he captado mal el mensaje y esa silenciosa ausencia de contestación tras el primer intento no signifique exactamente «buen intento, sí señor, siga participando». Pero bueno, insisto: qué más da, el caso es que ya está hecho.

Esta vez he cambiado una revista de supuesto prestigio internacional, por otra más próxima (geográficamente hablando, al menos), aunque, a tenor de lo que he ido ojeando en una y otra, no necesariamente de menos calidad. Es más, puede que sea incluso de más calidad. Al menos, la presentación parece más cuidada y tal. Con la calidad de los textos no me atrevo, que luego todo se sabe, y además, que no soy yo quién para opinar. Yo sólo soy el que quiere que le publiquen un texto, precisamente, así que comprenderán que no me meta en camisa de once varas. Pero vamos, lo que venía a decir es que las dos están muy bien. Quizá demasiado bien como para haber osado enviarles un relato, pero da igual, como decía: qué más da, el caso es que ya está hecho.

De momento, y a falta de resultados más tangibles, he apreciado dos diferencias respecto al intento anterior.

La primera: no me han pedido una breve nota biográfica. Gran alivio, sí, pero pierdo la ocasión de llevar a cabo la sugerencia que me hizo una de las pocas personas que siguen leyendo esto: inventármela. Sugerencia genial que, huelga decirlo, queda aparcada para otra ocasión. Puede dar mucho juego. Qué digo juego… puede dar para toda una historia. De hecho, puede ser bastante mejor que cualquier historia que envíe a publicar. En fin, ya veremos más adelante qué pasa con eso.

La segunda: he recibido respuesta. Una formalidad, sí, para qué nos vamos a engañar. Pero respuesta al fin y al cabo. Con mi nombre en el asunto del mensaje y en el encabezamiento del texto, con un agradecimiento por haber pensado en ellos para publicar mi cuento (en este punto me he emocionado casi hasta llorar) y con una exquisita petición de paciencia para recibir la respuesta del comité de lectura (bastante numeroso, por demás). Es decir, que habrá al menos una segunda y definitiva respuesta, porque, como les he dicho a ellos, por paciencia no va a ser. Qué más puedo pedir. ¿Aparte de que esa respuesta sea positiva? Sí, aparte. Pues nada. Pues eso.

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