¿Anda usted sobrado de espíritu navideño?

22 diciembre 2009

Una pregunta inevitable en estas fechas que corren, en efecto. Si quiere salir de dudas, responda el siguiente cuestionario. Es sencillo y absolutamente fiable. Está basado en los más avanzados métodos estadísticos, y sus resultados están avalados por el Departamento de Estadística Aplicada de la mundialmente famosa Universidad de Brandeis (Boston, Massachussetts). Sólo tiene que elegir una de las cuatro opciones que se le presentan en cada situación. Que no se diga que tiene usted miedo. A por él.

1. El domingo por la noche, a la hora de apagar la televisión, usted:

a) Se puso un gorrito de Papá Noel, llenó una copa de vino espumoso y brindó, junto a los presentadores de Estudio Estadio, por una muy feliz Navidad y un venturoso año 2010 lleno de éxitos para su equipo.

b) Pensó que ya faltaban menos de cuarenta y ocho horas para el partido benéfico de los amigos de Sergio Ramos contra los amigos de Kanouté, y se puso a calentar por si acaso Luis Aragonés o Javier Clemente, el que sea, da lo mismo, le convocan para cubrir alguna baja de última hora.

c) Pensó: mierda, llega el parón navideño en la Liga y nos quedamos sin fútbol hasta el mes de enero. Menos mal que el As regala un DVD con los 365 mejores goles del año, a razón de uno por día, y que el mercado de invierno se presenta animado gracias al supuesto interés del Barcelona por el fichaje de Robinho, y a las dudas del Real Madrid, que se debate entre la posibilidad de cubrir la baja de Pepe con un lateral izquierdo, o la de de confiar en la cantera (y un poco en la divina providencia también, por qué no decirlo).

d) Se volvió a cagar en todos los muertos del árbitro que pitó ese penalty a todas luces injusto en el último minuto, después de haber anulado un gol legal a su equipo por presunto fuera de juego y de haber consentido las continuas interrupciones y pérdidas de tiempo del rival durante el tramo final del partido. Volvió a mirar la clasificación en el teletexto y se fue a la cama sin cenar. Otra vez.

2. Esta mañana, en la cola de la ventanilla del banco, justo delante de usted, una señora que cree ser de mediana edad, embutida en un horrible abrigo de astracán, pagó en efectivo el recibo del agua por importe de 58’24 €. Acto seguido, y tras recoger su cambio, pagó el recibo de la luz, que ascendía a 139’28 €. Recogió su cambio y procedió a pagar en efectivo el recibo del teléfono: 53’92 €. A continuación, realizó un ingreso en cuenta corriente de 227 €. Y finalmente, solicitó un reintegro de 100 € con cargo a la misma cuenta corriente. Prácticamente al mismo tiempo, la empleada que atendía la ventanilla de la izquierda terminaba de atender a otro cliente, se calzaba la bufanda y el abrigo, y se marchaba a desayunar. Mientras tanto, usted:

a) Tararea alegremente pero mira cómo beben los peces en el río pero mira cómo beben y vuelven a beber al compás del tenue hilo musical, al tiempo que sigue el ritmo golpeando, ora con la punta del zapato, ora con el tacón, sobre la baldosa. Cuando la señora que monopolizaba la única ventanilla disponible se da la vuelta para marcharse, le brinda usted la mejor de sus sonrisas y le desea feliz Navidad.

b) A duras penas puede reprimir el impulso de seccionarle los tendones de las corvas, y una vez desplomada en el suelo, apartarla de la cola con un fuerte puntapié en las costillas. Se contiene porque, al fin y al cabo, es Navidad.

c) A duras penas puede reprimir el impulso de seccionarle los tendones de las corvas, y una vez desplomada en el suelo, apartarla de la cola con un fuerte puntapié en las costillas. Se contiene porque padece usted un injustificado temor a la policía, a las minutas de los abogados, y a cualquier pena que sobrepase los diez años de reclusión en la prisión de El Dueso, Cantabria. Justo en el momento en el que esa señora solicita el reintegro llega usted a pensar que qué coño, al fin y al cabo tampoco es para tanto, a por ella, pero en el último momento se imponen sus temores y frenos inhibitorios varios, y finalmente no se decide.

d) Le secciona directamente los tendones de las corvas sin pensarlo dos veces utilizando para ello el cuchillo japonés sashimi que lleva escondido en la manga para casos de emergencia (como, por ejemplo, éste), y una vez desplomada en el suelo, la aparta de la cola con un fuerte puntapié en las costillas.

3. Ha llegado el gran día. Hoy es la fiesta navideña en el colegio de sus hijos. Villancicos, belenes y niños. Una combinación explosiva. En esta situación límite, usted:

a) Tiene esa fecha marcada en rojo en el calendario del iPhone. Ha elaborado un minucioso cronograma para poder asistir a las sesiones de villancicos y concursos de belenes de cada uno de sus tres hijos y sus dos ahijados. Se ha pertrechado de cámara fotográfica, video y equipo de sonido. Incluso ha contratado un par de técnicos auxiliares. Pide la tarde libre en el trabajo, a cuenta de vacaciones. Consigue sortear a las madres y abuelas que hicieron noche en taquilla, y copan las primeras filas en los diversos salones de actos y aulas en las que se celebran las exhibiciones corales o se exponen los belenes cien por cien artesanales, extremo éste que salta a la vista, no hace falta jurarlo. Escucha villancicos, hace palmas, pide silencio a los padres alborotadores de las últimas filas, aplaude, estudia hasta el último detalle de cada belén, vota (diez puntos a los belenes de clase de sus vástagos, nueve a los de sus ahijados y cero a todos los demás), felicita efusivamente a los profesores y profesoras de sus hijos, y aún tiene tiempo de esbozar una lágrima cuando su hija pequeña entona por primera vez, con esa voz angelical que no ha heredado de su padre, el Dime Niño de Quién Eres.

b) Se ve obligado a abandonar temporalmente la comida de empresa. Afortunadamente, este año se ha preocupado de persuadir a los compañeros que la organizan para que se celebre en un local próximo al colegio de sus hijos. Se ceba con los entrantes, se levanta a mitad del primer plato y llega justo a tiempo de que su hijo, en la segunda fila del coro, le vea situado en su localidad de gallinero, de pie. Lo saluda con una ostentosa agitación de brazos, le sonríe con excesivo entusiasmo, levanta ambos pulgares, aplaude un poco y sale del colegio como alma que lleva el diablo. A la pequeña le dirá que la ha visto y que ha cantado fenomenal, sobre todo la parte de… ¿cuál era el villancico que cantaba? Ah, sí… la parte de dime Niño de quien eres y si te llamas Jesús. Vuelve a la comida de empresa justo a tiempo de tomarse el postre y de las copas. Sobre todo, de las copas. Comienza la ingesta inmoderada de gintonics. No consigue convencer al pinchadiscos de que ponga algunas canciones de los ochenta. ¿Pero de qué siglo?, le pregunta él rascándose el pendiente las tres primeras veces; a partir de la cuarta, ni le contesta. Se prolonga la ingesta inmoderada de gintonics. Tras varios intentos infructuosos con el merengue, prueba con la batucada durante quince segundos, que son los que tarda en dar con sus huesos y con el undécimo gintonic en el frío y prosaico terrazo. Vuelve a casa justo a tiempo para decirle a su hija pequeña que la ha visto, que estaba usted en la última fila, con el padre de Natalia, y que ha cantado fenomenal, sobre todo la parte esa de la Virgen se está peinando entre cortina y cortina.

c) Se queda en casa durmiendo la siesta. ¿No le tocan los hijos a su ex? Pues que vaya ella, que usted ya fue el año pasado. Se quedó usted prácticamente sin comer, se tuvo que dejar a mitad la comida de empresa, tuvo que ir corriendo de un sitio a otro como un poseso… y en enero va su mujer y le pide el divorcio. Hay que joderse. ¿No quería divorcio? Pues que vaya ella.

d) Usted no tiene hijos. Ni ahijados. Ni sobrinos. Y si los tiene, no lo sabe. No se ha enterado, ni quiere enterarse. No le importa. A usted no le importa el mundo de los niños. De hecho, se dio de baja como socio del Barça cuando pusieron en la camiseta el emblema de Unicef.

4. El próximo día 24 de diciembre, usted:

a) Cierra su empresa y da la tarde libre a sus empleados, a los que felicita personalmente la Navidad con un fuerte y entrañable apretón de manos. Come temprano y de manera frugal con su familia. Tras una ligera siesta, revisa por enésima vez Qué Bello Es Vivir. Al caer la noche repasa su afeitado, se viste como requiere la ocasión y se dirige a casa de su familia política para la tradicional cena de Nochebuena, a la que usted aportará dos botellas de un excelente Rioja, cosecha de 1998. Termina la jornada asistiendo a la tradicional Misa de gallo con su familia.

b) Al cerrar la oficina a mediodía, se dirige raudo al bar donde ha quedado con sus amigos de toda la vida para tomar el aperitivo. Vuelan las cervezas, las marineras, los matrimonios y algún caballito. Paulatinamente, el aperitivo se va convirtiendo en comida, luego en partida de mus, y finalmente en tardía merienda. Llega usted a casa tarde y con una torrija de considerables proporciones. Su decreciente fluidez verbal no le permite dar una explicación razonable. Apenas tiene tiempo de echarse un poco de agua fría por la cara, meter a los niños en el coche y, envuelto en un silencio cortable con cuchillo y tenedor, dirigirse a casa de su familia política para la tradicional cena de Nochebuena. Llega usted tarde y ha olvidado el vino que se había comprometido a traer. Es más, ni siquiera lo ha comprado; lo dejó para el último momento y, sencillamente, no hubo último momento. Esta circunstancia obliga a acompañar el pavo, bien con Coca-Cola, bien con el vino de mesa Don Simón envasado en tetra brik que usted compra en el chino de la esquina mientras los demás van dando cuenta de los entrantes. Todos los comensales, excepto usted, se deciden por la Coca-Cola. A duras penas sobrevive a la cena. Por supuesto, ni mencionar la posibilidad de salir a tomar una copa con los amiguetes.

c) Aprovechando que el jefe ha dado la tarde libre en el trabajo, sus compañeros deciden tomar una cerveza juntos al cerrar la oficina. Usted declina la invitación porque faltan diez minutos escasos para que se marche la canguro, y tiene que dejar a sus hijos en casa de su ex mujer (léase: en la que fue su casa hasta que el juez aprobó el convenio regulador) antes de las tres y media. Compra un plato de estofado en La Cocina de la Sole y una botella de vino en el supermercado de El Corte Inglés. Se come el plato de estofado y se bebe la botella de vino viendo varios informativos en la tele. Se duerme en el sofá y se despierta tarde. A las ocho y media llama a sus padres, que cenan en casa de su hermana, en Tarragona, y les felicita la Navidad. Se muestra razonablemente contento, lo justo y necesario para que su madre no llore. Cuelga. Enciende la tele, pone el DVD con los 365 mejores goles del año que regalaba el As, y a duras penas consigue ir olvidando que es Navidad.

d) Aprovechando que el jefe ha dado la tarde libre en el trabajo, sus compañeros deciden tomar una cerveza juntos al cerrar la oficina. Usted declina la invitación porque, ni es una invitación en sentido estricto (cada cual paga lo suyo o cada cual paga una ronda), ni sabe a cuento de qué viene. Se va a casa, se prepara un bocadillo de queso manchego con pimientos verdes asados, abre una lata de cerveza y revisa por enésima vez La Matanza de Texas. Al caer la noche se tira a la calle, como todos los jueves. Observa que hay muchísima gente en los bares, y en la puerta de los bares, y en las aceras que hay delante de las puertas de los bares. Todos sonríen y algunos van vestidos de payaso. Mucha gente le felicita y usted no comprende por qué. No comprende por qué no lo hacen el resto del año, claro. Usted lo merece, sin duda. Algunos conocidos a los que apenas dirige la palabra le abrazan, le felicitan y le invitan a una copa. O a dos. Y usted nunca hace ascos a una copa. Ni a dos. El proceso se repite en todos los bares de su recorrido habitual hasta las cinco y veinte de la madrugada, momento en el cual la dotación de una UVI móvil le recoge de la acera en la que se encuentra tendido boca abajo y le lleva al servicio de urgencias para que le traten ese pequeño coma etílico sin importancia. Como todos los jueves.

5. Como el buen vino, decántese por una de las siguientes canciones:

Espíritu navideño by Leandro on Grooveshark

Las respuestas señaladas con la letra a) valen 3 puntos. Las de la letra b), 2 puntos. Las de la letra c), 1 punto. Y las de la letra d), 0 puntos. Obvio. Sume su puntuación, compruebe en qué grupo está incluido y valore el estado de su espíritu navideño.

Grupo 1: 15 puntos. Usted no tiene espíritu navideño. Usted es el espíritu de la Navidad personificado, oiga. El espíritu de la Navidad pasada, el espíritu de la Navidad presente y el espíritu de la Navidad futura. Está usted a la altura de Santa Claus, de Melchor, de Gaspar, de Baltasar, y me atrevo a decir que del mismísimo Niño Jesús. El único riesgo que corremos con usted es el de la muerte por asfixia, sepultados por una avalancha de parabienes y abrazos. Nada grave, en cualquier caso. Si el vino es bueno, a partir de la cuarta o quinta copa estamos dispuestos a afrontarlo. Y después de los gintonics, incluso podemos tratar de ponernos a su altura.


Grupo 2: 8 a 14 puntos. Ha dado usted positivo. Ha bebido, mejor dicho, ha mamado usted Navidad en cantidades indecentes durante demasiado tiempo. Probablemente, desde su más tierna infancia. Supera usted los límites de espíritu navideño aconsejables para conducirse por estos días con un mínimo de prudencia, pero no entraña un peligro grave para sus congéneres, salvo, quizá, los incluidos en el Grupo 4. Si puede usted identificarlos, procure evitar su presencia en la medida de lo posible. Y sobre todo, recuerde: no podemos celebrar la Navidad por usted, así que prudencia. Mucha prudencia.
Grupo 3: 1 a 7 puntos. Adolece usted de un acusado déficit de espíritu navideño, pero no se preocupe. Todavía se le puede poner solución. Para ello, está especialmente indicada la ingesta moderada de algunas sustancias dopantes, entre las que recomendamos especialmente la cerveza helada, el tinto de Rioja y gintonic azul. La dosis correcta varía en función de la puntuación alcanzada. De momento, vaya usted probando a pequeños sorbos. Cuando la perspectiva de una cena familiar empiece a ponerle tierno, deténgase. Una dosis excesiva podría llevarle directamente al Grupo 1, con consecuencias imprevisibles para usted y, sobre todo, para el prójimo.

Grupo 4: 0 puntos. Usted, Mr. Scrooge, confunde el espíritu navideño con la guerra de Vietnam. Pero no se preocupe, tiene muchas posibilidades de conocerlo a fondo esta Navidad, cuando se le aparezcan en mitad de la noche (o en mitad de la siesta, que es mucho peor) el espíritu de las Navidades pasadas, el espíritu de las Navidades presentes y el espíritu de las Navidades futuras. Es decir, cualquiera que haya alcanzado la máxima puntuación en este test, probablemente encarnado en la persona del más molesto de sus cuñados o el más pesado de sus navideños amigos. Llegado ese momento, recuerde: no sea usted mismo. Finja, muéstrese como no es, y sobre todo, descarte el uso de la violencia. Haga un pequeño esfuerzo, hombre. Merece la pena, es Navidad.

En cualquier caso, estéis en el grupo que estéis, intentad no tomarlo todo a la tremenda. Sobre todo los del primer y último grupo. Son pocos días, transcurren razonablemente rápido, y con un poco de suerte, los hosteleros y los comerciantes aún podrían salvar el ejercicio. Tratad de pasarlo bien, y sobre todo, tratad de que los demás lo pasemos bien, que falta nos hace. Feliz Navidad

Esta mierda es un poco mejor que aquella mierda

11 diciembre 2009

—¿El arte como un arma? —me dijo, la palabra «arma» llena de desdén y ella misma un arma—. ¿El arte como el reflejo de adoptar la postura correcta en todo? ¿El arte como el abogado de las cosas buenas? ¿Quién te ha enseñado todo esto? ¿Quién te ha enseñado que el arte consiste en eslóganes? ¿Quién te ha enseñado que el arte está al servicio del pueblo? El arte está al servicio del arte y, de lo contrario, no existe arte que merezca la atención de nadie. ¿Cuál es el motivo para escribir literatura seria, señor Zuckerman? ¿Desarmar a los enemigos del control de precios? El motivo para escribir literatura seria es escribir literatura seria. ¿Quieres rebelarte contra la sociedad? Te diré cómo debes hacerlo: escribe bien. ¿Quieres abrazar una causa perdida? Entonces no luches por la clase trabajadora. A ellos les irá bien. Van a llenar alegremente los depósitos de sus Plymouths. El trabajador nos conquistará a todos, de su necedad fluirá la bazofia que es el destino cultural de este país filisteo. Pronto tendremos en este país algo mucho peor que el gobierno de los campesinos y los obreros, tendremos la cultura de los campesinos y los obreros. ¿Quieres una causa perdida por la que luchar? Entonces lucha por la palabra. No la palabra ampulosa, no la palabra inspiradora, no la palabra a favor de esto y en contra de aquello, no la palabra que anuncia al respetable que eres una persona maravillosa, admirable, compasiva, que está al lado de los oprimidos. ¡No, lucha por la palabra que dice a las pocas personas cultas condenadas a vivir en Estados Unidos que estás al lado del mundo! Este guión tuyo es basura. Es horrible. Es exasperante. Es basura vulgar, primitiva, ingenua, propagandista. Empaña el mundo con palabras. Y hiede al alto cielo de tu virtud. Nada tiene un efecto más siniestro en el arte que el deseo de un artista de demostrar lo bueno que es. ¡La terrible tentación del idealismo! Tienes que dominar tu idealismo, tu virtud tanto como tu vicio, has de conseguir un dominio estético de todo lo que te impulsa a escribir en primer lugar: ¡tu indignación, tu política, tu pesadumbre, tu amor! Empieza a predicar y tomar posiciones, empieza a ver tu propia perspectiva como superior, y eres una nulidad como artista, nulo y ridículo. ¿Por qué escribes estas proclamas? ¿Porque miras a tu alrededor y te escandalizas? ¿Porque miras a tu alrededor y te conmueves? La gente cede con demasiada facilidad y finge sus sentimientos. Quieren tener sentimientos enseguida, y los de escandalizado y conmovido son los más fáciles, así como los más estúpidos. Salvo en raras ocasiones, señor Zuckerman, mostrarse escandalizado es siempre una falsedad. Proclamaciones. ¡Al arte no le sirven de nada las proclamaciones! Llévate tu encantadora mierda de este despacho, por favor.

(…)

— La política es la gran generalizadora —me dijo Leo—, y la literatura la gran particularizadora, y no sólo están en relación inversa entre ellas, sino en relación antagónica. Para la política, la literatura es decadente, blanda, irrelevante, aburrida, terca, insípida, algo que no tiene sentido y que realmente no debería existir. ¿Por qué? Debido al impulso particularizador en que consiste la literatura. ¿Cómo puedes ser un artista y renunciar al matiz? Pero ¿cómo puedes ser un político y permitir el matiz? En tanto que artista, el matiz es tu tarea. Tu tarea no consiste en simplificar. Aun cuando decidieras escribir de la manera más sencilla, a lo Hemingway, la tarea sigue siendo la de aportar el matiz, elucidar la complicación, denotar la contradicción. No se trata de eliminar la contradicción, de negarla, sino de ver dónde, dentro de la contradicción, se encuentra el ser humano atormentado. Permitir el caos, dejarlo entrar. Tienes que dejarlo entrar o, de lo contrario, produces propaganda, si no para un partido político (un movimiento político, estúpida propaganda para la misma vida), sí para la vida como ella preferiría ser divulgada. Durante los cinco o seis primeros años de la Revolución rusa, los revolucionarios gritaban: «¡El amor libre, existirá el amor libre!». Pero, una vez estuvieron en el poder, no pudieron permitirlo, porque ¿qué es el amor libre? Es caos, y ellos no querían el caos. No es para eso para lo que habían hecho su gloriosa revolución. Querían algo disciplinado, organizado, contenido, científicamente predecible, a ser posible. El amor libre inquieta a la organización. La literatura inquieta a la organización. No porque esté flagrantemente a favor o en contra, o incluso lo esté de una manera sutil. Inquieta a la organización porque no es general. La naturaleza intrínseca de lo particular consiste en ser particular, y la naturaleza intrínseca de la particularidad estriba en no amoldarse. La generalización del sufrimiento: eso es el comunismo. La particularización del sufrimiento: he aquí la literatura. En esa polaridad se da el antagonismo. Uno participa en la batalla al mantener vivo lo particular en un mundo simplificador y generalizador. No tienes necesidad de escribir para legitimar el comunismo o el capitalismo; estás al margen de ambos. Si eres escritor, no te alías con uno ni con otro. Ves diferencias, sí, y, por supuesto, ves que esta mierda es un poco mejor que aquella mierda, o que aquella mierda es mejor que ésta. Tal vez mucho mejor. Pero ves la mierda. No eres un empleado del gobierno. No eres un militante. No eres un creyente. Eres una persona que se enfrenta de una manera muy diferente al mundo y a lo que sucede en el mundo. El militante presenta la fe, una gran creencia que cambiará el mundo, y el artista presenta un producto que no tiene cabida en ese mundo, que es inútil. El artista, el escritor serio, introduce en el mundo algo que ni siquiera estaba ahí al comienzo. Cuando Dios hizo todas las cosas en siete días, las aves, los ríos, los seres humanos, no dedicó ni diez minutos a la literatura. «Y entonces existirá la literatura. A algunos les gustará, a algunos les obsesionará y querrán hacerla...» No, no. Él no dijo eso. Si entonces le hubieras preguntado a Dios: «¿Habrá lampistas?», te habría respondido: «Sí, los habrá, porque habrá casas y serán necesarios los lampistas». «¿Habrá médicos?» «Sí, porque la gente enfermará y necesitará médicos que le receten medicinas». «¿Y literatura?» «¿Literatura? De qué me estás hablando? ¿Para qué sirve eso? ¿Dónde encaja? Por favor, estoy creando un universo, no una universidad. Nada de literatura».

Philip Roth
en Me casé con un comunista (1998)

¿Se puede saber qué coño estás mirando?

09 diciembre 2009

Surcar mares, subir montañas, patear grandes ciudades o rastrear parajes perdidos. Fútbol, baloncesto, natación, carrera pedestre, gimnasia rítmica o patinaje artístico. Guitarra, piano, violín, batería, banjo, flauta de pan o triángulo. Cuentos, novelas, poesía, filatelia, numismática o pirotecnia. Sea lo que sea, hazlo. O por lo menos, participa. De la forma que sea. Es mejor ser protagonista que espectador. Más vale ser el último de los figurantes que el presidente del club de fans. No merece la pena pasarse toda la vida mirando. Como un fan. Como un jodido y pesadísimo fan.

Como un fan by Leandro on Grooveshark

Dame argo

04 diciembre 2009

Primero, un montón de bienintencionadas ONG’s rompieron el fuego tratando de que apadrinásemos a los niños más desfavorecidos del tercer mundo. Más tarde, las sociedades protectoras de animales se pusieron a la tarea buscando padrinos para bichos desprotegidos de las más diversas especies. Luego, el sector más solidario del pueblo aragonés se preocupó de promover el apadrinamiento de murcianos sedientos. Y ahora amenazan los estudiantes. Y es que, ¿qué sería de un español sin su paga, o cuando menos, sin la incesante lucha por asegurársela? Poca cosa.

(Despegado con esmero hace pocos meses de una sucia pared, en una céntrica calle de Murcia. Por mis niños que no miento)

Matando monstruos en los parques

01 diciembre 2009

En los parques pasaba las tardes, no las mañanas. Y no todas. Pasaba, sobre todo, las de los sábados. Por lo general, eran tardes bastante olvidables. Nunca importaba el sitio, así que eso está de más; bastaba un parque más o menos céntrico. Nunca me preocupé de cuál. Nunca me preocupé de los parques, ni de las tardes, ni de los sábados. Y ahora puedo decir que, de todos mis delirios y mis cuentos, sólo el suyo ha mejorado el argumento. Ahora me escondo y los observo, y puedo decir que mataré monstruos por ellos. Que seguiré matando monstruos por ellos. Ya hace algún tiempo salté y caí justo aquí. Aquellos safaris sin fin se esfumaron sin avisar. Y hoy lo he vuelto a notar: cada nube es un plan, se transforma al viajar, y no pesa y se va. Somos nubes, no más. Como hojas que danzan al viento, así nos recogerá el tiempo y nos hará rodar y rodar y rodar y rodar y rodar. Pero sí que hay final.

Un día en el parque by Leandro on Grooveshark

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