Salir del escritorio

15 abril 2009

El segundo gran obstáculo que debe superar el escritor aficionado (el primero es escribir algo, pero esa es otra historia) es el de dejar de ser, además, anónimo. Es un proceso largo y doloroso. Primero se lo dices a tu mujer, y dejas pasar un tiempo prudencial para que se os pase el susto. A los dos. Luego se lo vas dejando caer a tu círculo de amigos y familiares más allegados. Algún tiempo después te apuntas a un taller de escritura creativa y descubres que el primer día todo el mundo asiste con cara como de estar vulnerando alguna ley, cuando no directamente embozado. Más tarde publicas un blog en internet. Y cuando te quieres dar cuenta, ya circula por el mundo una docena de personas que saben que eres escritor. Escritor aficionado, por supuesto. Durante el desarrollo de este proceso, largo y doloroso como decía, te vas convirtiendo en el destinatario de cariñosas palmadas en la espalda y otros gestos de aliento, en objeto de significativos silencios, y sobre todo, en blanco de miradas. Miradas de asombro. Miradas de anda ya, no me vaciles. Miradas de no doy crédito a lo que estoy oyendo. Miradas de esto tenía que pasar antes o después. Miradas de conmiseración. Miradas, siempre, con un punto de incomprensión. ¿Por qué, Leandro? ¿Qué falta hacía? Bueno, esa es una pregunta ciertamente difícil de contestar. Déjenme algún tiempo para pensar la respuesta.

5 comentarios:

Alexis Korner dijo...

Te olvidas de las miradas acuosas provocadas por una fuerte contención de la carcajada. Normalmente van acompañadas de algún codazo cómplice entre los presentes... "ssst, ssst, que dice que escribe"

Te comprendo y te acompaño Pregonero.

Oneflo dijo...

Hace falta, compañero, mucha falta.... y al que no le guste, que no mire (otro día te subo el enlace a la canción de los caracoles)

Joanmaga dijo...

¿Y tanto te importa la respuesta?

Leandro dijo...

No me olvido, no. Ni de los codazos; algunos me los dieron en la boca. Muy buenos los caracoles, sí señor, y estupenda la canción, muy apropiada para las circunstancias del caso. Y sí, me parecen importantes los porqués, sobre todo los que se refieren a las razones por las que hago las cosas. Y cuanto más me cuesta encontrarlos, más me importan. Es algo que he aprendido a fuerza de golpes. Quedan para futuras entregas. Los porqués, digo

Antonio dijo...

Oye, eso de "conmiseración" por si acaso tu padre más, jejejeje. No me digas que eres escritor, y yo que pensaba que dejabas comentarios para ligar y resulta que era para "practicar", pst, pst, pst... Bueno, los porqués ya llegarán solos, salu2

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