2. Desguace

31 octubre 2011

Calle Sagasta, 31. Luz de mediodía. Alguien ha abandonado una docena de viejos monitores de ordenador junto a los contenedores de basura. O diez. O quince, los que sean. Un tipo con semblante patibulario, sentado sobre la acera, los destripa minuciosamente con unas tijeras de podar. O con unos alicates, no se aprecia bien. Todos pasamos rápido, nadie se para a mirar. Saca algo de ahí dentro, lo guarda, continúa con el siguiente monitor. Y así hasta diez. O hasta doce. O hasta quince, los que sean.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Será el fantasma de Steve Jobs?

Leandro dijo...

Es difícil, aún estaba vivo. Pero todo puede ser

supersalvajuan dijo...

Siglo XXI. Ah, no os metáis con el fantasma de Steve Jobs, que está noche lo velamos por Murcia, con esquela, manzanas y cenizas incluidas.

Leandro dijo...

Dios nos libre. De meternos con el fantasma, quiero decir

Anónimo dijo...

Veo que, cuando paseas, tu mirada viene a posarse siempre en las mismas cosas: los quincalleros, los objetos rotos, los hombres de rostro patibulario..."Es que me da pena de mí mismo, de los demás, de todos los hombres, de todo lo vivo, de los desgraciados y de los felices, de los felices más que de los desgraciados...". A buen seguro que me podrías contestar eso. Porque esa misma pena y ese mismo desconsuelo es lo que, bajo las ropas de la ironía, también aparece en el fondo de tus cuentos. Pero, ¡recuerda el poemita de Basho, aquél que habla de la pequeña flor silvestre, muy humilde y generalmente despreciada por el paseante:
"Al mirar cuidadosamente,
veo florecer la nazuna
¡en el muro!"

Leandro dijo...

No es pena, es curiosidad. Y también cierta inquietud

Anónimo dijo...

Y pena también.

Leandro dijo...

Ese tipo de las tijeras de podar, o de los alicates, lo que fuera, no despertó en mí el más mínimo sentimiento de pena. De verdad

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