Más vale tarde que nunca

11 mayo 2012

Sí, más vale. Porque una mañana cualquiera de viernes llegas a la oficina, enciendes el ordenador, abres el correo electrónico y enchufas la música que te ayuda a caminar. Ya sabes, nunca caminarás solo. Y aunque no es la mañana más propicia, aunque el calor te mata y la lluvia te pervierte, aunque no te sobren los motivos, de repente sorprendes a tu propio culo botando sobre el asiento de la ergonómica silla que tiene debajo. Un momento, ¿pero esto qué es? Vuelves a la pantalla, buscas ahí, en la lista de canciones que la amable emisora pone a tu disposición, y tratas de localizar esa copla que suena, más o menos, hacia la mitad del programa. Y aunque no resulta fácil tratándose de un idioma tan exótico como el inglés, consigues adivinar el título de una de las canciones que aparece en esa lista entre el acelerado fraseo del estribillo que te está poniendo las pilas. Ahora sí, ya sabes cómo se llaman la canción que suena y esa buena gente que la hace sonar. Y no, no tenías el gusto. De conocerlos, claro. Así que decides escamotearle unos minutos a la empresa que te paga religiosamente a fin de mes y buscas información allí donde se encuentra toda, absolutamente toda la información. Veintisiete lozanos y rozagantes años cuenta ya esa dulce melodía. ¿Y dónde estabas tú en abril de 1985? Haces un esfuerzo y sólo consigues recordar la pesadilla del Derecho Romano, la final de la copa de la UEFA contra el Videoton húngaro, largas horas de estudio con los amigos del colegio que seguían contigo en la facultad, una novia francesa que duró apenas lo que dura un veraneo en la playa y una pesadumbre impropia de la edad. No eras muy listo, no. ¿Qué coño hacías? ¿Qué música escuchabas? ¿Escuchabas música? Ésta no, seguro. Y es justo entonces cuando vuelves a caer en la cuenta: otra vez has llegado tarde. Muy tarde. Sí, bueno... pero más vale tarde que nunca, ¿no? Lo que pasa es que esta mañana, precisamente, no puedes evitar preguntarte «¿Cuántas cosas estarán pasando hoy y yo no me enteraré hasta dentro de veintisiete años?»

13 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Demasiadas cosas, la verdad.

Leandro Llamas dijo...

Sí, desde luego. Demasiadas cosas para una simple canción

Anónimo dijo...

A veces es mejor no llegar.

Leandro Llamas dijo...

A veces, llegar tarde es no llegar

Anónimo dijo...

Algunas personas tenemos mucha experiencia en eso, por activa y por pasiva.

Encarna Carrillo García dijo...

Ahhh! justo estoy pasando una crisis de éstas. Y fue cuando por casualidad encontré GOODBYE TO ROMANCE de Ozzy Osborne y Randy Dahl:
http://www.youtube.com/watch?v=_0UXygnCzB8
Y también me pregunté ¿dónde estaba yo en 1982?
Y claro..en un pueblo de provincias y con el transistor de mi abuela, que por cierto le había chorizado a la pobre...
Desde luego como tu bien dices creo que a veces, llegar tarde es no llegar...sí y lo siento mucho.

Leandro Llamas dijo...

¿Quién no perdió una canción cuando era joven?

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

¿Y quien te dice que llegaste tarde? A lo mejor llegó cuando lo podías apreciar, o no, ahora ya no lo puedes saber, pero que más da, lo pasado pasado está. Solo somos dueños del presente. Carpe diem.

Leandro Llamas dijo...

Veintisiete años tarde, Nacho. En este caso, veintisiete

Anónimo dijo...

Eso mismo pienso yo. Mirar atrás con nostalgia por lo que no hicimos o por lo que se nos escapó provoca nostalgia, que, como tú dices, es la tristeza en guapa. Lo que no tuvimos, lo que dejamos pasar, estuviera en nuestra mano o no, hay que dejarlo en un rincón. Hemos conseguido otras cosas. Para los que miran atrás por lo que no debieron hacer, por los errores cometidos, hay problemas de concien cia, arrepentimiento, el que me quiten lo bailao o puede que ni eso. Son dos posturas en la vida y cada cual elige.

Leandro Llamas dijo...

La hermana guapa de la tristeza, pero no lo digo yo; lo dice José Enrique, músico

Anónimo dijo...

Viene a ser lo mismo

Anónimo dijo...

No lleguéis tarde a ésta. Me gusta.

http://youtu.be/DqRC5tquyU0

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