Seguir viviendo

05 noviembre 2009

El problema de mi generación es que todos pensamos que somos putos genios. Hacer algo no es suficiente para nosotros, y nadie está vendiendo algo, o enseñando algo, o simplemente haciendo algo: nosotros tenemos que ser algo. Es nuestro derecho inalienable, como ciudadanos del siglo XXI que somos. Si Christina Aguilera o Britney Spears o cualquier otro imbécil de ídolo norteamericano puede ser algo, ¿por qué no yo? ¿Qué hay de lo mío, eh? Muy bien, mi banda ha dado los mejores conciertos en vivo que uno pueda escuchar en un bar, y hemos grabado dos álbumes que han gustado a muchos críticos y a poca gente normal y corriente. Pero tener talento no es nunca suficiente para hacernos felices, ¿no es cierto? Quiero decir que debería serlo, porque el talento es un don, y uno debería darle gracias a Dios por tenerlo, pero yo no lo he hecho. A mí me jodía un montón, porque no me pagaban por él ni me sacaban en la portada de Rolling Stone.

Oscar Wilde dijo una vez que la vida real de uno es a menudo la vida que uno no lleva. Apúntate un diez, Oscar. Mi vida real estaba llena de conciertos de los de primera plana en Wembley y el Madison Square Garden y de discos de platino, y de Grammys, y ésa no era la vida que estaba llevando, y eso es quizá lo que hacía que me entraran ganas de mandarlo todo al diablo. La vida que llevaba no me permitía..., no sé, ser quien pensaba que era. Ni siquiera me permitía ir derecho por la vida. Era como si estuviera andando por un túnel que fuera haciéndose más y más estrecho, y más y más oscuro, y hubiera empezado a llenarse de agua, y yo avanzara todo encorvado, y me encontrara con un muro de roca y las únicas herramientas que tuviera a mano fueran mis uñas. Puede que todo el mundo se sienta así, pero ésa no es razón para seguir adelante. Bueno, pues aquella Nochevieja ya estaba harto. Tenía las uñas hechas polvo, y las yemas de los dedos todas despellejadas. Ya no podía seguir escarbando. Con el grupo roto, lo único que me quedaba para expresarme era dejar atrás mi vida irreal: iba a volar desde aquella puta azotea como Supermán. Pero, por supuesto, las cosas no salieron de ese modo.

He aquí algunas personas muertas, personas que eran demasiado sensibles para seguir viviendo: Sylvla Plath, Van Gogh, Virginia Woolf, Jackson Pollock, Primo Levi, Kurt Cobain (por supuesto). Y algunas personas vivas: George W. Bush, Arnold Schwarzenegger, Osama Bin Laden. Sólo tenéis que poner una cruz al lado de la gente con la que os gustaría tomar una copa, y ver si están en el grupo de los muertos o de los vivos. Y sí, podéis argumentar que he forzado las cosas a mi favor, y que hay un par de personas que faltan en la lista de los vivos y que refutarían lo que afirmo, unos cuantos poetas y músicos y gente de ese tipo. Y podéis también hacer constar que Stalin y Hitler no eran tan maravillosos y sin embargo ya no están entre nosotros. Pero sed un poco indulgentes conmigo: sabéis de lo que estoy hablando. A la gente sensible le es más duro seguir viviendo.

Nick Hornby
en En Picado (2005)

15 comentarios:

Rubén dijo...

Joder, joder, joder. CHAPEAU

Leandro dijo...

¿Verdad?

Amor dijo...

Ufffffffffffffffff!

Clares dijo...

A mí, ya sabes, me parecería una solución estupenda tener dos o tres vidas para que se fueran realizando esas vidas que no llevamos. Wilde era un cabrón, pero sabía muy bien de qué hablaba. El texto es impresionante. Por otra parte, me ha dejado pensando lo de los talentos, porque yo creo que todos los seres humanos tenemos al menos un talento, y nuestra propia vida, se desarrolle donde se desarrolle puede ser la manifestación de ese talento, pero sólo lo sabemos al final, o mejor dicho, lo saben los que se quedan vivos.

Leandro dijo...

Sí, uf. Por otra parte, yo creo que esa vida que no se lleva a la primera, difícilmente se conseguiría a la segunda o a la tercera. En caso de haber segunda o tercera, claro

Anónimo dijo...

Necesitar el reconocimiento de los demás, eso es lo que nos mata. No nos basta con el nuestro, con la autoestima y si eres una persona sensible es peor.
Lo más difícil y lo que más angustia es cómo enseñárselo a nuestros hijos. Nosotros ya lo sabemos y lo tenemos prácticamente todo hecho, pero ¿y ellos?.

Leandro dijo...

Hay que predicar con el ejemplo

Anónimo dijo...

Cierto. Pero cuando no se está en las mejores condiciones, cuando a uno no se lo han enseñado, nunca sabe si lo está haciendo realmente bien.
Seguimos intentándolo.

Leandro dijo...

A nadie le enseñan a ser padre ni madre. Hay que ir adivinando el camino a cada paso

Joanmaga dijo...

Olé.

Leandro dijo...

Sí, olé. Dos orejas y rabo para Mr. Hornby

jordim dijo...

Hornby suele vomitar verdades como puños. Siempre me ha dado mucho miedo cómo algunos genios se matan y punto. Porque además son gente que través de su obra derrocharon verdad; uno sigue vivo y casi se siente un farsante..

Leandro dijo...

Hornby tiene además la gran ventaja de que sigue vivo. Para contarlo, por supuesto

puesyo dijo...

de hecho, todos tenemos muchas vidas ¿no? ¿o sólo me pasa a mí? si es esto último, por favor decídmelo suavemente y no tratéis nunca de averiguar quién soy

"todas mis suegras..." dijo un tío que tendría unos treinta cuando pasaba por su lado

me perdí la segunda parte de la frase, porque no encontré una excusa rápida para pararme cerca

Leandro dijo...

Qué excusa, ni qué pretexto. Tenías que haberte dirigido a él directamente y haberle preguntado. La ocasión lo merecía

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