Calle Sagasta, 31. Luz de mediodía. Alguien ha abandonado una docena de viejos monitores de ordenador junto a los contenedores de basura. O diez. O quince, los que sean. Un tipo con semblante patibulario, sentado sobre la acera, los destripa minuciosamente con unas tijeras de podar. O con unos alicates, no se aprecia bien. Todos pasamos rápido, nadie se para a mirar. Saca algo de ahí dentro, lo guarda, continúa con el siguiente monitor. Y así hasta diez. O hasta doce. O hasta quince, los que sean.
El barco de Teseo, de Ginés Aniorte (Reseña nº 1152)
-
*Ginés Aniorte*
*El barco de Teseo*
Renacimiento, 2022
En su momento se consideró a este poemario como el regreso a la poesía de
Aniorte, tras una déc...
Hace 1 día