La chica, el chico y el cocodrilo

17 septiembre 2008

Lois Casino no es una mujer. Tampoco es un hombre. En realidad, Lois Casino no es, Lois Casino son. Son cinco músicos atrapados por la voz y la varita mágica (así es como a ellos les gusta llamarlo) de Ángela. Lo que pasa es que el nombre del grupo se ha apropiado de la voz de Ángela y la voz de Ángela del nombre del grupo, hasta el punto de hacernos creer que existió una chica llamada Lois Casino que cantaba canciones y tenía un novio con un cocodrilo cosido a su camiseta.



Vuelta al cole

11 septiembre 2008

Leer este cuento fue como un dejá vu. Tardé un rato en darme cuenta. En efecto, lo había entrevisto unos años antes, en blanco y negro, adaptado algo más que libremente a otras circunstancias históricas. Jean Renoir, Dudley Nichols, Charles Laughton, Maureen O’Hara y George Sanders nos lo contaban de una forma maravillosa desde la pantalla de la televisión. Maravillosa, sí, a pesar de las bofetadas que Esta tierra es mía (1943) recibió y sigue recibiendo por propagandista e ingenua. ¿Y qué? ¿Acaso no hemos querido ser alguna vez ese digno y honesto profesor? ¿Y cuántos, llegado el caso, hemos conseguido serlo? Setenta años antes, la historia se llamaba La última clase y los acontecimientos eran otros. Pero sean cuales sean los soldados que en cada momento allanan las aulas, creo que esta historia les ayudará a encontrar dentro algunos objetos de valor.

Para los que no sabemos pintar

1974, año cero. Se nos aparecen Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán (CRAG, para los perezosos). La crítica especializada y los enterados de siempre —sí, esos—, boquiabiertos, apenas acertaban a balbucear el torrente de elogios que les merecía su excelente primer disco, Señora Azul. El resto de los mortales, mientras tanto, andaba distraído entre la canción protesta, los vocalistas melódicos (algunos de aquéllos todavía siguen vivitos y coleando) y la canción del verano. En mi caso, yo diría que el tema principal de Vickie el Vikingo era lo que me privaba en aquél momento. El fatídico acróstico de la banda, sin embargo, resultó premonitorio. Un disco, ni un solo concierto oficial, esporádicas apariciones en grupos reducidos de a tres (nunca los cuatro), un descenso a los infiernos como banda de acompañamiento de Karina, irregulares carreras en solitario, un fugaz reagrupamiento en 1984, dos nuevos discos (Queridos compañeros y CRAG 1985), primeras actuaciones del grupo al completo, nueva disolución, otra vez cada uno por su lado, escasas apariciones y conciertos familiares hasta prácticamente anteayer, cada vez con más kilos, más canas, más música y menos tiempo por delante. Con el tiempo, alguna de sus canciones llegó a alcanzar una más que notable popularidad. La que más, probablemente, Sólo pienso en ti. Hará unos diez años, Enrique Urquijo tiñó esta canción con ese aire melancólico tan suyo. Incluso Papito se atrevió con ella. ¿Era necesario? ¿Para qué?, cabría preguntarse. Bueno… para que algunos la bailasen y otros, incluso, llegasen a conocerla. No hay mal que por bien no venga.



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