Sobre los vivos y sobre los muertos

18 agosto 2008

La primera vez que me contaron esta historia corría el mes de agosto de 1989. Aunque parezca increíble, corría también una ligera brisa en la Chopera del Parque de El Retiro, en el cine al aire libre. Doble programa doble. Dos pantallas espalda contra espalda y dos películas en cada pantalla. El espectador elige, y Eva, Joaquín y yo elegimos la última de John Huston. A pesar de los diecinueve años que han llovido desde entonces, recuerdo que a Eva no le gustó. Todavía era muy joven para dejarse llevar por eso que llamó filosofía del desencanto; de hecho, creo que todavía lo sigue siendo. A mí sí, a mí me impresionó, como me impresionó la indiferencia de Eva, por contraste y porque tengo su criterio por inteligente y más que fiable. Bastante más que el mío, por cierto. Por eso no puedo asegurar que este cuento vaya a ser de vuestro agrado. Porque a mí, no sólo entonces, ni algunos años más tarde, cuando lo leí por primera vez, sino cada vez que vuelvo sobre él, me conmueve. Desde los pies de Lily, la criada, hasta las almas y los cuerpos que reposan bajo la nieve, la presencia de los muertos en la historia es permanente. Pero no es un cuento de miedo… salvo que uno tenga miedo de sus propios Michael Furey.

Uno

17 agosto 2008

Ellos también son dublineses, y también gozan de cierta fama. Merecida, en opinión de muchos. Por eso pensé que no estaba de más traerlos aquí, para que nos acompañasen en el momento de acercarnos a sus antepasados de la mano de otro ilustre conciudadano. Creo que mi amiga Viqui, irlandesa vocacional donde las haya, lo agradecerá. De su amplio repertorio, me temo que he elegido una de las canciones más populares: One, del álbum Atchung Baby (1991). Y de esta canción, varias versiones. La primera, en vivo y a cargo de los autores. La segunda, menos conocida, en la voz de Johnny Cash. Y la tercera, al alimón, Mary J. Blige con la afamada banda que parió esta bella melodía. Yo, mire usted, me quedo con la versión número dos, pero todo es opinable.

One by Leandro on Grooveshark

No mires a los ojos de la gente

03 agosto 2008

La música gallega también tuvo su Edad de Oro. Por razones obvias de edad, no sé muy bien por dónde van los tiros hoy día, pero no creo que sean tan certeros como en tiempos de Os Resentidos, Siniestro Total, Golpes Bajos o Los Suaves. Para llegar hasta ahí, fue necesario trabajar un poco, ensayar bastante, divertirse mucho y superar una cierta incomprensión familiar. Me contaba hace unos años un primo de mi mujer originario de esos pagos que sus padres, en Vigo, tenían por vecinos a la familia Gardalda, uno de cuyos vástagos, un tal Teo, pasaba las horas muertas en el garaje (parece que éstas cosas siempre tienen que empezar en un garaje) con los amigotes, dándole a la guitarra, el bajo, la batería y la voz. Los vecinos estaban hartos, y sus padres, verdaderamente acontecidos. «Hijo nuestro», le decían una y otra vez, «¿cuándo dejarás de una vez esa tontería de la música y harás algo de provecho? Mira tu hermano, qué bien lleva la carrera». Sin ánimo de desmerecer en lo más mínimo la brillante carrera de ingeniería del hermano, Dios nos libre, algunos siempre agradeceremos a Teo Gardalda esa pequeña dosis de rebeldía que terminó convirtiéndose en Golpes Bajos, al tiempo que le permitió ganarse la vida tal vez mejor, incluso, que su hermano. Vivir para ver. En Golpes Bajos coincidió con Germán Coppini, hasta entonces cantante de Siniestro Total. En la primera versión, Golpes Bajos actúan en el programa de TVE La Edad de Oro; año 1984. En el segundo, el propio Germán Coppini canta con su actual grupo, Lemuripop, en una actuación que tuvo lugar hace poco más de mes y medio, el pasado 13 de junio. Entre ambos Coppinis, veinticuatro años nos contemplan. En fin, no miréis a los ojos de la gente. Sobre todo, si no están dentro de sus propias cuencas.

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