Aún no se me ha pasado el susto de que mi hija cumpliese catorce años, y viene mi hijo con la ocurrencia de alcanzar la docena. Necesito un respiro. Y aunque siempre habrá quien piense que han sido (que hemos sido, en realidad) arrojados a este mundo como un perro sin hueso, yo prefiero seguir viéndolos cabalgar a lomos de su propia vida, como jinetes en la tormenta. Y que dure.
La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (4 de 4)
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El aire se había enfriado con la última luz del sol, y Angie sintió una
punzada de emoción al oír la honestidad sin adornos en su voz.
—Siempre he que...
Hace 4 horas