Una tarde de principios de verano, a la sombra, junto a la piscina, contemplando la felicidad pasajera de los que vienen a ocupar nuestro lugar, y ahogando las emociones, intensas, contenidas, en un gintonic con hielo abundante y unas gotas de limón exprimido. O en ron añejo. O en whisky. O en lo que sea, pero con hielo. Siempre con hielo. Creo que eso es todo lo que podemos ser. Nada mejor. Nada más.
La cuenta pendiente, de M.D. Álvarez (4 de 4)
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El aire se había enfriado con la última luz del sol, y Angie sintió una
punzada de emoción al oír la honestidad sin adornos en su voz.
—Siempre he que...
Hace 4 horas